Raquel, una madre que transforma el dolor en amor para cuidar a los demás.

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En una nota publicada por la revista Boletín Salesiano, se comparte el testimonio de una vecina de Caleta Olivia, Santa Cruz, que decidió transformar una experiencia profundamente dolorosa en un camino de acompañamiento y contención para otros. Se trata de Raquel Carrizo, quien, a partir de la pérdida de su hijo, encontró en la acción comunitaria y la escucha activa una forma de resignificar su historia y tender una mano a quienes atraviesan situaciones similares.

Tenía que hacer algo con este dolor. O hacía algo con él o el dolor iba a hacer lo que quisiera conmigo. Valen es y será siempre mi mejor maestro, quien me señala el camino y me enseña a mirar más allá de mis propios ojos. Creo que fue la mejor manera de resignificar su vida”Raquel Carrizo es quien comparte esta afirmación, y “Valen” es su hijo, quien en el año 2018 decidió quitarse la vida. Ella participa desde hace cuatro años en la asociación “Elijo vivir” –en Caleta Olivia, Santa Cruz–, que brinda espacios y herramientas para el acompañamiento, la prevención y la concientización de situaciones como las que le tocaron atravesar a Raquel y a tantos más.

Durante mucho tiempo se prefirió no hablar del suicidio adolescente, tal vez por la ausencia o la escasez de datos oficiales y actualizados, o también por comentarios o paradigmas de abordaje propios de otra época, que buscaban evitar un efecto contagio, incluso por lo difícil que resulta ponerle palabras a un dolor tan grande. Consecuentemente han surgido algunos abordajes que, desde la perspectiva de Raquel, simplifican demasiado el tema planteando, por ejemplo, que se trata de una cuestión vinculada a la ubicación geográfica o al clima: “Yo creo que reducirlo solo al tema del clima, es como simplificar algo mucho más profundo y que tiene que ver con un montón de otras cosas y no solamente con un clima adverso. Es importante entender esta situación no como un fenómeno aislado o puntual, sino como un flagelo social; de hecho lo es”. 

El  desarraigo, la falta de oportunidades, la pérdida de trabajo, las expectativas sobre lo que se espera de los hombres y de las mujeres, son algunas de las condiciones que podrían mencionarse para tratar de entender la situación. Sin embargo, tal vez la más importante y urgente sea la dificultad en el diálogo entre dos generaciones que parecerían no entenderse: los adolescentes y los adultos.

El año pasado la Asociación convocó a una charla llamada “Hablemos de adolescencias”. “A esa reunión asistieron solamente cuatro adultos. El resto eran todos jóvenes. Creo que nuestras generaciones están bloqueadas en la comunicación. Los chicos creen que nosotros no los vamos a entender y los adultos piensan que los pibes están en otra, que viven en su mundo. Y admito que alguna vez yo también lo dije. Los chicos no están en su mundo, los chicos viven en el nuestro. El tema es que nosotros no sabemos escucharlos”.

«Los chicos no están en su mundo, los chicos viven en el nuestro. El tema es que nosotros no sabemos escucharlos».

En este sentido, una premisa que se proponen quienes integran la Asociación es tratar de ofrecer espacios de escucha donde los adolescentes y jóvenes no se sientan juzgados y puedan expresarse con libertad. Explica Raquel:“En las charlas les cuento mi historia, les comparto quién era y quién es Valen para mí hoy. Y ahí encuentran un lugar de confianza, se empiezan a soltar y a alivianar un poco la mochila. Mi hija dice que yo intento buscar en otros chicos el dolor que no supe ver en los ojos de Valen. Y sí, quizás de eso se trate. Pero también sé que él vino a enseñarme”.

Desde su experiencia, Raquel reconoce que este aprendizaje no resultó para ella sencillo y que tuvo que atravesar un gran dolor para lograrlo. “Valen siempre me decía ‘¿Por qué estás apurada, mamá? ¿A dónde vas tan apurada?’. Y a partir de lo que pasó aprendí a manejar eso. Aprendí que hay alguien mucho más grande y más poderoso que yo. Siempre fui muy creyente, pero a partir de esto aprendí que los hijos no son nuestros, en todo caso son de Dios, son de la vida. Aprendí que no podemos controlar todo. Aprendí, con mucho dolor, que los hijos toman sus decisiones y que a veces nos destruyen con ellas. Pero que hay cosas que nos exceden”.

Algo más grande que el dolor

¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal? ¿Qué fue lo que no estaba viendo? Frente a la muerte de un hijo pueden surgir muchas más preguntas que certezas. El mundo de lo esperado, de lo soñado, se detiene abruptamente y el silencio lo cubre todo. Al principio fue como estar en un agujero negro”, recuerda Raquel, quien atravesó esa situación en carne propia. “Estuve mucho tiempo con una depresión muy severa, en la cama, muy complicada, medicada. No quería verme ni al espejo. Estaba totalmente negada, no quería ni que me abrieran las persianas para ver el sol. En ese momento sentí que no iba a poder”. 

Bien podría pensar uno que esa situación de enojo o de tristeza generalizada es perfectamente esperable. Raquel recuerda que ese enojo se expresaba como podía pero sobre todo con preguntas hacia ella misma, como mamá y, desde su fe, hacia Dios“Me sentía muy culpable y me preguntaba: ¿Por qué Dios me hizo esto? ¿Por qué permitió que pasara esto? ¿Por qué no lo cuidaste, Dios? ¿Por qué no me hiciste ver?”.

Para ella fueron nueve meses muy difíciles, para otras familias tal vez sean menos y para muchas otras serán más. No hay tiempos preestablecidos, ni esperables, tampoco recetas mágicas, ni soluciones inmediatas. Se trata de atravesar el dolor, tal vez el más grande que una familia pueda soportar. Pero la fe, el tiempo y el acompañamiento de los seres queridos ayudan a trascender y a mirar la situación desde otra perspectiva. “La ausencia de Valen es algo que va a vivir conmigo hasta el último instante de mi vida. Pero incluso en los momentos más difíciles yo sentí que no podía irme, en parte porque todavía estaba Lu –la hermana menor de Valen– y en parte porque había una fuerza dentro de mí que me hacía sentir que yo tenía que seguir. Hay algo más fuerte y más grande que el dolor de la pérdida, de la ausencia y es Dios”.

El abrazo de Valen

Hoy la Asociación Elijo vivir, cuenta con varios proyectos por delante, incluso algunos con la Universidad de la Patagonia Austral. Además, vienen desarrollando un trabajo articulado con la subsecretaría de bienestar comunitario e incluso el sueño es formar un centro de día. “La verdad es que tenemos muchos proyectos, pero a veces cuesta, no les voy a negar que pesa mucho estar removiendo la herida”. Raquel encontró en Cari –que sufrió la muerte de Valentina– y en Lorena –que perdió a León– a otras mamás que estaban atravesando una situación similar a la de ella. Desde esa experiencia  se anima a alentar a otras familias: “¿Qué le diría a esas mamás o a esos papás? Que aún cuando hayamos tenido que pasar por esta pérdida enorme que duele –y que va a doler por el resto de nuestras vidas–, podemos convertir el dolor en acción. Todavía podemos convertir el dolor en abrazo, en mirada, podemos reconvertir ese amor que sentimos por nuestros hijos”. Por eso, la invitación es a sumar a otras familias que han pasado por una situación similar, respetando los tiempos de cada uno, porque cada duelo es único, pero con la certeza de que hacer algo por los demás, desde la fe, es el camino para salir adelante.

“Podemos convertir el dolor en abrazo, en mirada, podemos reconvertir ese amor que sentimos por nuestros hijos”.

“Si yo pude, creo que todos podemos. Y sé que estos pedazos que quedaron de mí se convirtieron en una nueva mujer que hoy cree más, que mira más al otro, que trata de entender más a los demás, qué aprendió también a perdonar más y, sobre todas las cosas, aprendió la fragilidad de la vida. Y eso que a veces parece tan difícil de entender, es un regalo. Por algo Dios todavía me tiene acá”.

“Busquen ayuda siempre, incluso cuando parece que el mundo se te cae encima, afuera hay alguien para quien vos sos el mundo”.

Valen fue un chico como tantos otros que podemos conocer y acompañar en nuestras escuelas, patios, parroquias y centros juveniles. Hoy su historia es la de muchos que pueden estar atravesando alguna situación difícil. Por eso Raquel se detiene a compartir precisamente para ellos y ellas, unas palabras: “¿Qué les diría a los que están atravesando esta situación? Que busquen ayuda, que siempre, siempre, siempre, incluso cuando parece que el mundo se te cae encima, afuera hay alguien para quien vos sos el mundo. Alguien va a estar para acompañarte, para ayudarte, para sentarse con vos a llorar y a respirar. Para decirte: «‘Estoy acá. Sos importante, sos valioso. Sos valiosa y estoy acá. Y no me voy a mover de acá hasta que nos podamos levantar juntos. Y si juntos no podemos, vamos a buscar ayuda. Pero estoy acá y me importás. Tu vida es valiosa porque tu vida es de Dios y es maravillosa, aunque a veces parezca que no podés ver la luz. Se puede’. Yo siempre que alguien me abraza o abrazo a un chico o a una chica, es un abrazo que Valen viene a darme”.

Fuente: BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA