Daiana Chaile: “Ahora puedo dormir y sé que a la mañana mi casa va a estar calentita”

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Daiana salía a cortar leña mientras su bebé de dos años la esperaba llorando dentro de casa. Hoy, la llegada del gas al barrio René Favaloro cambió esa historia: detrás de una obra pública, hay una familia que finalmente puede atravesar este invierno con su hogar calefaccionado.

Durante años, el invierno para Daiana Chaile y su familia significó buscar leña, afrontar altos consumos de electricidad y soportar el frío dentro de su propia casa. Vive en el barrio René Favaloro de Caleta Olivia, donde un mensaje enviado junto a otros vecinos encontró respuesta y Distrigas avanzó con la llegada del gas.

Hoy, su historia le pone rostro a una obra que cambió algo tan cotidiano y esencial como poder despertar en un hogar calefaccionado.

Daiana Chaile abrió las puertas de su hogar y compartió cómo era la vida de su familia antes de contar con gas natural.

Cuando llegó al barrio su hijo tenía apenas dos años. Había pocas viviendas y el primer invierno fue especialmente duro. “Era muy frío, muy frío”, recuerda. Tanto, que una mañana los peces que tenían en la casa amanecieron congelados.

La calefacción dependía principalmente de la leña. A veces recibían asistencia, pero alcanzaba para pocos días; después había que salir a buscar, cortar o comprar.

Con el tiempo pudieron adquirir un equipo de aire acondicionado, aunque el costo de la electricidad se convirtió en otra preocupación. En las jornadas más frías hasta encendían el horno para poder templar la vivienda.

“Yo la pasé mal con el frío”

Hay una escena de aquellos años que Daiana no olvida. Su marido trabaja bajo un régimen de 14 días por 14 y, durante sus ausencias, ella quedaba sola con su pequeño hijo.

“Yo me quedaba sola con un niño de dos años y tenía que salir a cortar leña. Él lloraba acá porque no lo iba a sacar afuera con este frío”, cuenta.

Era salir, cortar lo necesario para calefaccionarse y regresar mientras el nene esperaba dentro de la casa. “Yo la pasé mal con el frío”, reconoce.

Hubo inviernos en los que todos dormían juntos en una habitación para conservar el calor. Daiana incluso se levantaba a las cinco de la mañana para calefaccionar y lograr que la casa estuviera templada cuando despertaran sus hijos.

Un mensaje que tuvo respuesta

Durante mucho tiempo los vecinos del René Favaloro preguntaron e insistieron por el servicio. Hace unos meses volvieron a hacerlo a través de distintos mensajes. Daiana también escribió, aunque sin demasiadas expectativas.

Esta vez hubo respuesta. A partir de ese contacto y de la intervención de Distrigas, comenzaron los trabajos. “Yo no creía hasta que vi las máquinas trabajando. Ahí creí”, recuerda.

El compromiso era que pudieran contar con gas antes del invierno. Y se cumplió.

Hoy Daiana lleva pocas semanas como usuaria, pero el cambio ya se siente todos los días.

“Es muy lindo llegar a casa y sentir que tu casita está caliente. Ahora puedo dormir toda la noche y sé que a la mañana esto va a estar calentito”.

También lo entendió su hijo mayor, que vivió aquellos inviernos y todavía los recuerda. Cuando vio el gas funcionando le dijo: “Mirá, mamá, tenemos lo mismo que tiene mi tío. Qué lindo, ahora vamos a estar calentitos”.

Mucho más que una conexión

Para Daiana, detrás de la llegada del gas quedan años de espera, insistencia y sacrificio. Pero también la satisfacción de haber sido escuchados.

“Más allá de que tuvimos que esperar y tuvimos que insistir, se hizo. Y eso es lo que se valora”, afirma.

Sabe que todavía hay muchas familias y barrios que esperan acceder al mismo servicio y desea que las obras puedan seguir llegando a más hogares. Por eso, además de agradecer haber sido escuchados, destacó especialmente que se cumplió el compromiso asumido con los vecinos:

“Dijeron que íbamos a tener gas antes de que empiece el invierno, y así fue”.

Su historia es una de las “Historias que dan Calor” que hoy comienzan a escribirse en los hogares alcanzados por las obras de Distrigas. Porque detrás de cada conexión hay mucho más que una cañería o un nuevo usuario: hay familias que dejan atrás la leña, el frío y la incertidumbre.

Para Daiana, significa algo todavía más simple y profundo: no volver a salir a cortar leña mientras su hijo espera llorando adentro y saber que, cuando llegue la mañana, su casa va a seguir caliente.