Son una familia santacruceña de cinco integrantes. Ambos trabajan en la Policía Provincial y durante más de dos décadas esperaron una vivienda que les permitiera dejar atrás el alquiler y proyectar su futuro bajo un techo propio. “Es una gran mochila que se arrastra”, resumieron al recibir las llaves.
Hay noticias que llegan de sorpresa, pero detrás de ellas hay años enteros de espera. Para Luis Humberto Vargas y Liliana Sabrina Hermosilla, la noticia de que finalmente tendrían su casa llegó apenas un día antes de la entrega.
El lunes por la tarde recibieron el aviso de que debían acercarse al barrio de las 56 Viviendas para avanzar con la documentación correspondiente a la adjudicación. Lo que siguió fue una noche casi sin dormir, atravesada por la ansiedad y la emoción de saber que aquello que esperaron durante 21 años finalmente estaba por suceder.
“En ese momento una emoción invade tu cabeza, no sabés qué hacer, no sabés cómo reaccionar”, contó Luis al recordar cómo recibieron la noticia.
Una familia que esperó toda una vida
“Después de 20, casi 21 años de esperar que llegue el momento, llegó. Todavía no terminamos de caer. Yo creo que cuando ya estemos en la primera noche durmiendo, recién ahí vamos a empezar a caer un poquito”, expresó.
Luis y Liliana forman una familia de cinco integrantes. Sus tres hijos crecieron mientras sus padres esperaban la posibilidad de acceder a una vivienda propia: Milagros, de 20 años, estudia la Licenciatura en Trabajo Social en la UNPA; Lautaro, de 15 años, cursa el nivel secundario; y Mateo, de 5 años, asiste al Jardín de Infantes Fátima.

Todos son nacidos en Santa Cruz
Durante todos estos años, la familia creció. Tuvieron hijos en esta provincia. Alquilaron siempre, y desde hace un tiempo en una vivienda en las cercanías del nuevo barrio. Año tras año, el alquiler fue parte de la economía familiar y también de una preocupación permanente: tener que destinar una parte importante de sus ingresos para garantizar un techo.
“Estábamos alquilando por acá cerca, años alquilando, pagando alquiler. Y hoy se nos libera un peso y tenemos el techo propio del hogar. Es una gran mochila que se arrastra”, explicó Luis.
Ahora esa mochila empieza a quedar atrás.
“El tener un techo significa mucho.”, sintetizó.
Luis y Liliana son trabajadores de la Policía Provincial. Él cumple funciones en el Despacho de la Jefatura de Policía, mientras que Liliana se desempeña en Bomberos Zona 1.
Su historia también representa la de tantas familias santacruceñas que, durante años, sostuvieron su hogar mientras esperaban una oportunidad para acceder a una vivienda.
La casa propia no significa solamente dejar de pagar un alquiler. Para ellos representa estabilidad, tranquilidad y la posibilidad de que sus hijos crezcan sabiendo que ese lugar será definitivamente su hogar.
Después de 21 años, con sus 50 puntos acumulados, ya no tendrán que pensar en la próxima mudanza, en el próximo alquiler o en si el bolsillo permitirá seguir permaneciendo en el mismo lugar.

“Que sigan por muchas casas más”
La emoción atravesó cada palabra de Luis. Para una familia que esperó durante más de dos décadas, recibir las llaves no es solamente la culminación de un trámite: es la concreción de un proyecto de vida.
“Dios dijo: ‘les toca ahora’. Y bueno, ahora nos tocó”, expresó conmovido. “Fueron los tiempos de Dios”.
También destacó la presencia del gobernador Claudio Vidal durante el momento en que ingresaron a su vivienda.
“Muy lindo. Muy humilde de su parte estar presente en un proyecto que encara como Gobierno. Que venga significa mucho”, señaló.
Con la emoción todavía a flor de piel, Luis dejó un deseo que resume lo que significa este momento para su familia y para quienes todavía esperan: “Que sigan por muchas casas más y entregando muchos, muchos hogares”.
Después de 21 años de espera, Luis, Liliana y sus tres hijos ya tienen un lugar al que pueden llamar definitivamente casa.
Una casa donde no habrá que contar los meses de alquiler, ni pensar en la próxima mudanza. Una casa para que Milagros continúe sus estudios, para que Lautaro siga creciendo, para que Mateo juegue y para que sus padres puedan, finalmente, descansar.
Porque a veces una llave no abre solamente una puerta. Abre una nueva etapa en la vida de una familia.
Fuente: Secretaría de Estado de Comunicación Pública y Medios / Subsecretaría Gerencia de Producción y Contenidos.