«Muchachos, la película de la gente»: un viaje a los días en los que fuimos felices

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El director Jesús Braceras y el escritor Hernán Casciari compaginaron horas y horas de material audiovisual para revivir la consagración argentina en el Mundial de Qatar desde el sentimiento de los hinchas.

Hace un año que somos campeones del mundo. Un año que sigue el fixture pegado en la puerta de la cocina. Un año de que la botella de fernet que se bebió aquel domingo de gloria está como un trofeo adornando la repisa. Un año de que los sub 36 vivimos cosas por primera vez como campeones del mundo: que el primer verano como campeones del mundo, que el primer cumpleaños como campeones del mundo, que la primera cita como campeones del mundo.

La vida como campeones del mundo transcurre en medio de la vorágine inaguantable en la que vivimos los argentinos. Y «Muchachos, la película de la gente» llegó para proponernos hacer una pausa y volver a llevarnos a esos días en los que fuimos felices. Porque esa emoción no fue pasajera, va a estar en nuestra memoria y en nuestro corazón para siempre, y se encenderá cada vez que la recordemos. Acaso cuando abrimos Instagram o TikTok y pasa el video del perrito bailando, el de las elecciones, y de golpe aparece algún momento de Qatar, ¿no levantamos el dedo y nos quedamos mirándolo? Bueno, la producción de Pampa Films, a la que Filo.news tuvo acceso en una avant premier exclusiva, lo tiene todo. Los goles, las cábalas para ver los partidos, el beso de dos enamorados arriba de un semáforo y qué se yo cuantas cosas más que ni llegamos a dimensionar por el exceso de información con la que vivimos esos días. En definitiva, nos lleva de la mano a recorrer el camino de la Selección Argentina hacia la conquista de la tercera estrella, con lo que pasó adentro de la cancha y en las tribunas, las casas y las calles del mundo en las que hubo algún argentino.

Claro que la historia ya la conocemos y sabemos quienes son los protagonistas, los buenos y los malos. Pero cuando Guillermo Francella empieza a contar el cuento y la imagen muestra a cinco millones de personas inundando de felicidad una porción tan chiquita de un país tan grande, todo se vuelve a sentir otra vez. Se siente de vuelta el vacío cuando perdimos con Arabia Saudita, recuperamos esa sensación de ser «invencibles» contra Polonia, y nos aliviamos cuando Messi corre a un rincón del Lusail para avisarle a su familia que ya está, que por fin ya somos campeones del mundo.

Ahí está el gran acierto de la película, que entrelaza las imágenes de cada partido con una catarata de videos de hinchas viviendo cada acción en primera persona. «Este Mundial no lo podés contar sin la participación de la gente, es clave, un protagonista más y nos dio la posibilidad de darle contexto a cada una de las jugadas», asegura el director Jesús Braceras, también creador de otras piezas deportivas como «Monzón» y «Barrabrava».

El escritor Hernán Casciari, que le puso su pluma al guión, explica: «Toda la película es una pincelada del país y el fútbol es una excusa para mostrarlo. Cómo funciona la adrenalina de la gente cuando está angustiada, festejando, con miedo o con pánico. El fútbol tiene ese componente termo tan alucinante que no le tenés que pedir permiso a nadie y todo el mundo entiende que estés nervioso, sufriendo o llorando de alegría. En cambio, el resto de las cosas, no importa si es para un lado o para el otro, son por balotaje. Es tener que decir, ‘disculpe che, me estoy emocionando’ o ‘perdón, estoy enojado'».

«Había diez mil películas posibles con este Mundial», reconoce el director sobre el desafío de contar una historia que pasó de verdad (aunque parezca una ficción) y crear una película desde el camino inverso, con el guión, los giros de la trama y todas las cartas servidas sobre la mesa. «Lo que pasó es perfecto, tiene todos los condimentos habidos y por haber. Inclusive cuando empezás a describir a los protagonistas, porque para que haya pasado lo que pasó, tiene que haber habido un montón de elementos. Y siento que sacando algunos de ellos no hubiese sucedido lo mismo. Si no hubiésemos tenido crisis económicas como las que tenemos en este país, probablemente la gente no hubiese explotado como explotó. Si Messi ya hubiese ganado un Mundial, probablemente la gente no hubiese explotado así. Si hubiésemos ganado la final fácil, 3 a 0, no hubiésemos explotado así. Entonces, la suma de todas esas pequeñas cosas hizo que sea una explosión única», reflexiona.

Y Casciari trae a la charla una premisa tan clara como real: Argentina nunca había ganado un Mundial con las redes sociales. «Primero, el mundo miraba la actitud argentina de alentar, que es distinta a la de cualquier país o equipo. Lo veíamos cuando la hinchada entera le cantaba a un nene en un subte para que se duerma o cuando decían que ‘el que no salta es un mantel’ viendo a los croatas. La impronta del canto que no le hace mal a nadie, hablar de Las Malvinas y Maradona en la canción más épica, la forma de entrar y salir de un lugar en Qatar, en Buenos Aires o en Jujuy, eso de querer subirse a lugares altos nadie sabe bien por qué o lo de la ‘abuela la la la la…’. Todo eso hacía que cuando termináramos cada partido, saliéramos corriendo a vernos. A vernos nosotros, a ver qué hacía el otro y a divertirnos con eso y replicarlo en redes -describe-. Nunca me pasó, pero al término del partido, yo no me quedaba en la tele para ver lo que le preguntaban al Dibu. O un poco miraba con un ojo pero con el otro a la gente. Y ese amor entre la gente, me parece que le llegaba también a los jugadores. Y esa cosa conjunta generó algo que no se había dado nunca, porque nunca jamás hubo una Argentina ganando un Mundial con las redes sociales, que es, en realidad, un espejo donde podés mirar cómo está funcionando el otro».

«Muchachos» se estrenará en los cines el próximo 7 de diciembre. Un diciembre que nos encuentra en una realidad distinta a la de hace un año, con incertidumbre y sumergida entre la esperanza de unos y la desilusión de otros. Quizás, el sentarnos en la butaca y compartir la risa y el llanto con esos anónimos como con los que nos abrazamos por las avenidas de nuestro barrio aquel 18 de diciembre, sea una buena excusa para volver mirarnos y recordar que también somos esos, los mismos que estuvimos unidos como nunca en un diciembre de 2022 único e inolvidable.

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