Incendios en Chubut: ardieron dos mil libros de una editorial patagónica

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“Lo que se quemó va a ser difícil de recuperar”, contó el editor Cristian Aliaga, que recordó que él y su hijo sintieron “mucho miedo, el fuego entraba desde los árboles cercanos a la casa y salimos de ahí con el tiempo justo”. Lanzó una campaña de venta online para financiar la reimpresión de los libros quemados.

“En este momento recibir ayuda es lo único que sirve para salir adelante”, dijo a Página/12 Cristian Aliaga, fundador de la editorial patagónica Espacio Hudson y vecino del paraje Cerro Radal, en la localidad de Lago Puelo, uno de los lugares más afectados por los incendios en la Comarca Andina de Chubut y Río Negro. El fuego que el martes pasado llegó hasta la chacra donde estaba el depósito de la editorial quemó cerca de dos mil libros. “Cuando vimos llegar el fuego no hubo tiempo para nada”, relató Aliaga, que lanzó una campaña de apoyo para financiar, a través de la venta de libros, la reimpresión de los ejemplares que se quemaron.

Aliaga creó la editorial Espacio Hudson hace 13 años como parte de un proyecto colectivo que se dedicaba a organizar talleres, charlas y encuentros culturales con artistas de la región. “La idea siempre fue crear un dispositivo descentralizado, con sede en distintos lugares, desde la costa hasta la cordillera”, relató el librero, autor del libro Herejía Bermeja, sobre la obra de Juan Carlos Bustriazo Ortiz.

«La Patagonia tiene una gran movida artística y cultural que no siempre es difundida en el resto del país”, dijo Aliaga que fundó la editorial en Comodoro Rivadavia, donde dirigía el periódico -ahora portal web- El Extremo Sur. “Hace unos siete años decidimos construir la sede en Lago Puelo, en una chacra que tengo hace mucho tiempo, con el horizonte de hacer un centro cultural y una residencia para artistas, algo que en la Capital es moneda corriente pero que acá en la región es muy difícil de acceder”, explicó Aliaga, quien añadió que “durante muchos tiempo hicimos talleres itinerantes y el sueño era tener un lugar estable”.

Del espacio que habían logrado construir, un predio de 120 metros en medio del bosque, quedaron solo las cenizas del incendio. «Antes del fuego, el sueño del proyecto original parecía haber avanzado mucho», lamentó el escritor y periodista.

“La gente de la región tiene una conciencia ambiental muy arraigada y un gran respeto por la naturaleza, un eje que atraviesa el catálogo de la editorial y que le daba sentido al espacio físico en este lugar”, explicó Aliaga. Lo más angustiante «es ver cómo se destruyó el patrimonio, no sólo en términos materiales sino que uno no puede evitar relacionarlo con otras quemas de libros y lo que eso significa para los autores», añadió.

En la misma chacra adonde estaba el depósito y la oficina de la editorial había dos casas, la de Aliaga y la de su hijo, que también quedó encerrada entre las llamas. “Lo que se quemó va a ser difícil de recuperar”, señaló el escritor y relató que ese día -el martes pasado- tuvieron “mucho miedo, el fuego entraba desde los árboles cercanos a la casa y salimos de ahí con el tiempo justo”. Esa noche la pasaron en el pueblo, “en una vigilia terrible porque nadie sabía con qué se iba a encontrar al día siguiente”, advirtió Aliaga y relató que “cuando volvimos, a la madrugada, esperaba no encontrar nada y fue un alivio ver que al menos mi casa estaba en pie, como para tener desde dónde recomenzar”.

En todas las localidades de la Comarca por donde pasó el fuego los pobladores se encontraron con una situación similar: “pasaron lenguas de fuego en medio de un temporal de viento con focos distintos, por eso así como en algunos lugares arrasó también dejó zonas sin quemar”, precisó Aliaga y agregó que, a una semana del incendio, en el pueblo “hay una sensación de colapso. No hay agua, electricidad, no funcionan las antenas y no sabemos cuándo se van a poder arreglar”.

La recuperación

«Quienes quieran ayudar pueden comprar libros», fue lo primero que se le ocurrió decir a Aliaga cuando se encontró con el depósito quemado y los escombros de los dos mil libros que almacenaba en la chacra de Lago Puelo. Desde la Ciudad de Buenos Aires su hija Paulina, que co-dirige con él la editorial, multiplicó el mensaje y enseguida otros libreros y libreras de todo el país difundieron la propuesta. La idea de Aliaga es financiar mediante la venta de ejemplares, a través de la página web de la editorial, la reimpresión de los libros que se quemaron. «Por suerte todas las ediciones tienen stock en las otras sedes» de Comodoro Rivadavia, en Rada Tilly, y en la librería de La Coop., una cooperativa de editoriales independientes con local en el barrio porteño del Abasto, de la que Espacio Hudson es parte desde el 2015.

«Vamos a ir de a poco. La reconstrucción del depósito no va a ser fácil, pero este lunes ya empezamos a reimprimir los títulos que perdimos», confirmó Aliaga, que agradeció «la solidaridad de la gente y de los libreros» como «incentivo para poder seguir adelante».

Fuente: Pagina12

Informe: Lorena Bermejo

 

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