A 29 años de la erupción del volcán Hudson, la historia de los brigadistas voluntarios que viajaron para ayudar

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A fines de 1990, en Caleta Olivia se formó la Brigada de Voluntarios de Búsqueda, Rescate y Salvamento. Pocos meses después, en agosto de 1991, la brigada tuvo su “bautismo de fuego” en las localidades de Los Antiguos y Chile Chico, para ayudar en uno de los eventos naturales más recordados en la historia de Santa Cruz.

La erupción del volcán Hudson de 1991 es una de las más violentas que se han registrado en la historia de Chile. Entre el 8 y el 15 de agosto, el volcán expulsó unas 2.500 toneladas de cenizas volcánicas que cubrieron extensas aéreas de Chile y de la provincia de Santa Cruz, cubriendo un área de 150 mil kilómetros cuadrados. La ciudad de Los Antiguos debió renacer de entre las cenizas.

Miguel Galán era el Jefe de la Brigada de Voluntarios que se había formado poco tiempo atrás en Caleta Olivia. “Cuando nos enteramos de lo que pasaba, nos pusimos en contacto con el Coordinador de Defensa Civil y nos consiguió un colectivo de La Unión para ir a ayudar. Por ahí no tomábamos magnitud del problema que existía. Llegar nos costó mucho, uno de los integrantes nos tuvo que guiar caminando y el chofer seguía sus huellas porque no se veía nada”, recuerda Galán en comunicación con ‘La Mañana en Patagonia’. Al llegar a Los Antiguos, en medio de una espesa nube de ceniza, el Intendente de aquel entonces, el “Charo” Sandoval, los recibió entre lágrimas de emoción, ya que la ciudad se había autoevacuado y prácticamente no quedaba nadie.

Miguel recuerda que salieron de Caleta “con lo puesto”, y que una vez en la zona crítica, tenían programados dos o tres lavados de ojos por día. “ADOSAC había hecho barbijos con botellas y eso usábamos. Después conseguimos unas antiparras como para estar un poco más equipados”.

La Brigada viajó con un grupo de 15 voluntarios que realizaron tareas de todo tipo durante más de un mes. “Nos pusimos a disposición. Vimos que la mayor preocupación era sacar la ceniza de los techos, e hicimos fabricar unos rastrillos grandes de madera, y con eso subíamos a los techos para tirar las cenizas al piso. También hicimos la recepción de los micros que se mandaban para hacer la evacuación de Los Antiguos y Chile Chico. Nos tocó también hacer la búsqueda de un chico que se había perdido a caballo en el campo. Lo encontramos sentado en un alambrado, prácticamente porque lo pisamos porque no se veía nada nada”, comentó Miguel.

“Para nosotros fue una linda experiencia a pesar del mal que produjo todo eso. Realmente pudimos ayudar a muchísima gente y para nosotros fue el bautismo de fuego”, destacó.

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