Congreso de Tucumán, la Patagonia ausente. Héctor Raúl “Gato” Ossés

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Ese 9 de julio de 1816 las provincias del litoral y la Banda Oriental del Uruguay (la Liga de los Pueblos Libres) no estuvieron presentes. Se habían rehusado a concurrir y tenían razones que la historia ha tratado con amplitud. La principal era que esas provincias ya habían declarado la independencia el año anterior, 1815.

En ese tiempo de límites imprecisos, de regiones en lucha, de hombres de a caballo, hubo también dos regiones que enviaron representantes pero que luego formarían parte de la República de Bolivia. También la Liga perdería un pueblo libre, el Uruguay de Artigas. En esos tiempos Gran Bretaña tenía amplio acceso a las cuestiones limítrofes así que se podría pensar que esas dos nuevas repúblicas le convenían más al Imperio que a nosotros, pero, como dice el refrán “como cayó, quedó”.

María, la mujer india, la cacica de la Patagonia (llamada María la Grande, por cuya muerte se encendieron fogatas en todo el territorio) no recibió ninguna notificación. A pesar de que los indios tenían experiencia en parlamentos, el Congreso de Tucumán se llevó a cabo sin la asistencia de patagónicos, sin que siquiera estuviera resuelta la pertenencia de la región a esa república que iba a nacer, la República Argentina. Sin embargo, María tuvo charlas oficiales con Fitz Roy en su campamento de San Gregorio (hoy Chile). Luis Vernet, que había sido designado por Buenos Aires para gobernar las Islas Malvinas, la subió a su barco y la llevó hasta las islas donde realizaron una prolongada serie de conversaciones respecto de crear un asentamiento en San Gregorio. La cacica y su comitiva recibieron agasajos de parte de Vernet e intercambiaron presentes. María conoció a Weddel y a Brisbane y a muchísimos loberos y piratas norteamericanos y de otras naciones que venían a cazar lobos y pingüinos.

Era nuestra representante, sin dudas. Hasta le envió ralladura de piedra guanaco al pobre capitán Pringle Stokes que padecía de melancolía.

En la Patagonia se fundaron tres ciudades por orden del rey Carlos III (1783): Florida Blanca, Fuerte San José y Fuerte del Carmen (Carmen de Patagones). Al poco tiempo se ordenó desmantelarlas. El Fuerte San José, en la península de Valdés, resistió y sobrevivió treinta años hasta 1810. De pronto, un malón integrado por altos caciques y capitanejos destruyó por completo las instalaciones y no dejó sobrevivientes. Tal como dije en mi libro “Patagonia ficción y realidad” podría ser una simple coincidencia (la historia es caprichosa) pero llama la atención que todo haya ocurrido casi al mismo tiempo que la Revolución de Mayo. Los indios no eran ajenos a la política de Buenos Aires y es muy probable que hubieran resuelto (en un parlamento) que no se aceptaban extranjeros al sur del Río Negro y dejaron un mensaje claro y contundente. Después de todo, un malón era una acción económica y política.

Un largo camino hacia la provincia.

El Siglo XIX transcurrió hasta casi finalizar, sin definiciones en la cuestión limítrofe. Mientras tanto, Chile fundó la ciudad de Punta Arenas en 1848; Luis Piedra Buena se estableció en la Isla Pavón en 1859 y más tarde, en 1868 fue designado representante del gobierno de Buenos Aires. Chile intentó establecer dos capitanías una en Río Gallegos y otra en Puerto Santa Cruz en 1873/74 pero el mismo Gobierno chileno desalentó ese propósito. A su vez, Piedra Buena junto con Casimiro Biguá (sucesor de la cacica María luego de un interregno) retomaron el proyecto de poblar en San Gregorio. Esto dio motivo a quejas diplomáticas. Al fin, la cuestión de límites fue resuelta en diferentes foros internacionales.

El Estrecho de Magallanes (la magnífica cicatriz oceánica que imaginaron los cosmógrafos) vino a quedar en territorio chileno. Por algo Vernet y Piedra Buena querían un pueblo después de la primera angostura. Al final, creo que fue la revista Argentina Austral la que con mayor entusiasmo se encargó de levantar la figura de Piedra Buena. De Luis Vernet no nos acordamos, tampoco de Casimiro Biguá.

Más tarde fuimos territorio mucho tiempo. Es decir, largos años anodinos en cuanto a lo republicano, representativo y federal. Recién en 1951 tuvimos nuestro delegado al Congreso de la Nación, Orlando Ludovico Parolin, y en 1954 nuestra delegada, Elena Victoria.

Por fin, luego de transcurridos ciento cuarenta y un años del Congreso de Tucumán, la Constitución Provincial diría: “La Provincia de Santa Cruz, con los límites que por derecho le corresponden, es parte indestructible e inseparable de la Nación Argentina.”

 

 

 

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