Daño a la salud pública por comunicación negligente por COVID-19

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Caleta Olivia, sigue generando situaciones que nos deben enseñar a entender la diferencia entre informar sobre la dinámica y evolución del COVID-19, ser profesional y ser irresponsable con la salud y la economía.

Todos sabemos que el impacto del flagelo del COVID_19 en la ciudad, es una cuestión de tiempo, de suerte o de estrategia colectiva que nos haga  -como ciudadanos y ciudad-  estar a la altura de las circunstancias. Con independencia de las políticas nacionales, regionales y provinciales,  todos venimos  realizando un aprendizaje cultural rápido, acelerado, estresante, lleno de contradicciones y de aciertos, porque no decirlo.

Uno de los actores claves en esta situación de pandemia son los medios y canales de comunicación.  La  experiencia cerca de 70 días de emergencia sanitaria nos ha enseñado varios tipos de aciertos y errores y algo deberíamos estar  aprendiendo al respecto en vez de sumirnos  en la soberbia y/o en la ignorancia negligente.

¿Qué  hemos aprendido?: que allí donde la información no es oficial, oportuna  y justo a tiempo, libera la comunicación al posteo interpretativo de los hechos en las redes sociales. Entonces,   todos “somos expertos” en covid-19 y el terreno es el campo fértil para que los “profetas del odio”, los que hacen política con las instituciones en la emergencia, etc. se deleitan en nombre de la libertad de expresión.

La semana pasada,  en la ciudad se activo nuevamente el protocolo de COVID-19 con dos casos sospechosos y pudimos ver cómo, con el afán de informar, no existió ningún empacho en “escrachar” en vez de informar. El accionar negligente de un portal y una réplica cómplice en nombre del “periodismo”, generó pánico innecesario, consecuencias económicas sin precedentes en un hotel de la ciudad.

El daño, por la mala información, no sólo será económico para sus afectados, sino que además ha puesto en serio riesgo el posible repliegue del sector  hotelero de no querer involucrarse  en la salud pública por temor a formar parte de la mala comunicación o la comunicación entendida como “escrache”.

Recordemos, que varios  hoteleros de la ciudad, adecuaron sus instalaciones para ayudar a recibir en cuarentena a ciudadanos que así lo requieran. Otros varios, decidieron de manera legítima perder y no arriesgar por temor a los efectos desconocidos de  trabajar con la pandemia. Quienes optaron por ponerse al servicio de la ciudad y los ciudadanos que retornan, tuvieron que comenzar a reinventarse con protocolos de bioseguridad, preparar personal especial,  realizar inversiones para adaptar y hasta desplegaron innovaciones para mantener un servicio comercial activo.

La experiencia, en estos ya 70 días,  nos ha enseñado también que debemos ser éticos con la identidad de los posibles casos positivos, prescindiendo de su origen étnico-nacional, raza, género, religión o pertenecía ideológico-política; la experiencia nos ha enseñado que la cuarentena de los arribados es un problema de interés de público y debe ser transparentemente comunicado para evitar distorsiones que generen pánico o falsas alertas que puedan dañar personas o instituciones. Asumo que alguien debe ponerle el “cascabel al gato”.

El producir falsas noticias, no saber cómo informar, o informar en tema covid-19  sin evaluar consecuencias para las personas, instituciones o comerciantes, puede producir daño a la salud pública. Esto debe  ser advertido y ser objeto de contravenciones en situaciones de emergencia sanitaria. Creo seriamente que en materia de información y comunicación, este déficit de cualificación y calificación para ejercer el oficio ha producido daño a la salud pública por cuanto creemos que sabemos comunicar y en realidad hemos sido negligentes e irresponsables.

Mag. Mario Palma Godoy

Director Observatorio PyMES- UNPA

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