“La semana pasada Ariel Lijo, Javier Leal de Ibarra y Tomás Rodríguez Ponte usaron como paño de lágrimas el áspero saco de tweed de Martín Irurzun, quien junto con ellos podría ser investigado por la filtración de las escuchas que manejan para la Corte Suprema”.

La afirmación es del periodista Horacio Verbitzky, quien en su artículo de este domingo en su portal El Cohete a la Luna hace una minuciosa descripción de lo que ocurre fundamentalmente con la Justicia argentina, y en particular con la Corte Suprema que preside Carlos Rosenkrantz.

Es que el caso del falso abogado, Marcelo D’Alessio, salpicó a gran parte del Poder Judicial que mantenía promiscuas relaciones con servicios de inteligencia, políticos como el propio ministro de Justicia, Germán Garavano; y las diputadas Mariana Zuvic, Elisa Carrió y Paula Oliveto; además de periodistas como Daniel Santoro y Luis Majul, entre otros.

Javier María Leal de Ibarra es el presidente de la Cámara de Apelaciones de la Justicia federal y además uno de los responsables de la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado, de quien dependen las escuchas telefónicas en causas judiciales.

El otro responsable es su colega camarista Martín Irurzun, impulsor de la original doctrina que determina que exfuncionarios conservan “poder residual” y por ello corresponde su prisión, aunque no haya sentencia firme. Claro que la misma solo aplica para quienes fueron parte del gobierno anterior.

TENSA ESPERA

Las escuchas telefónicas dependían de la SIDE, pero desde fines de 2015 pasaron a la órbita de la Corte Suprema, donde el entonces titular, Ricardo Lorenzetti, la dejó en manos de gente de su entera confianza, como el comodorense Leal de Ibarra, también presidente del Santa Lucía Golf Club.

En más de una oportunidad, el camarista ha asegurado que no fueron responsabilidad suya las filtraciones que se produjeron de escuchas telefónicas en los últimos años, las que incluyeron desde conocer los calificativos con los que la expresidenta Cristina Kirchner se dirigía al extitular de la AFI, Oscar Parrilli, hasta saber de qué hablaban algunos presos con sus contactos del exterior, sobre todo en los últimos dos meses, desde que estalló el escándalo D’Alessio y se supo, por ejemplo, que hasta hay intervenciones telefónicas en el juzgado de Dolores de Alejo Ramos Padilla, el juez que lleva adelante la causa.

Fuente: El patagónico

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