Por Juan Balois Pardo

Está claro que en los tres últimos años en la Argentina los grupos de gran concentración económica que ejercen el poder real, denominado frecuentemente Establishment, y los grupos de empresarios vernáculos asociados y funcionales a él, denominados por el Presidente de la Nación como el Círculo Rojo, son los ganadores del programa neoliberal que ejecuta la alianza gobernante Cambiemos . Desde los comienzos de la convivencia humana, la puja entre los modelos de concentración y de distribución de la riqueza, la cinchada entre la enorme mayoría popular integrada por asalariados, cuentapropistas y pequeños comerciantes, por un lado, y las grandes corporaciones económicas transnacionales asociadas a sus serviles y parasitarios empresarios vernáculos, por otro, inclina la balanza colocando más o menos pesas en uno o en otro de sus platos. Pareciera que en nuestro país el regreso de planes económicos que reducen el poder adquisitivo de mayoría popular para trasladar recursos a la minoría dominante, cumple cierta periodicidad, el retorno al neoliberalismo se comporta casi cíclicamente, lo que indica que la sociedad tropieza recurrentemente con la misma piedra. Atravesamos un período caracterizado por un agresivo ajuste recesivo que hace caer constantemente el PBI per cápita, por lo tanto genera aumento del desempleo y la pobreza, lo que repercute en la disminución de los recursos del Estado ante merma de la recaudación impositiva. Así, las cuentas públicas resultan asfixiadas por el pago de los intereses de una exorbitante deuda que se usó en una proporción inmensa para pagar intereses desmedidos a los grandes concentradores de dinero, treta conocida popularmente como “La Timba Financiera”. Esta arremetida despojadora resultó viable hasta aquí por dos razones principales, primero las anuencias políticas de sectores que dijeron oponerse, simularon ser críticos, pero finalmente acompañaron legislativamente al gobierno Hood Robin que le saca a los que menos tienen para transferirle recursos argentinos a los que amarrocan dinero en cuentas en el exterior ; y segundo, por la pasiva actitud de la Confederación General del Trabajo que , para decirlo con extrema diplomacia, vaciló a la hora de resistir al embate del gobierno contra los trabajadores. En la última semana, luego de duras pulseadas entre el poderoso sindicato de camioneros y el gobierno, los representados por Moyano obtuvieron un aumento en paritarias del 40%, los Petroleros de Santa Cruz representados por Vidal anunciaron un acuerdo por el 45 % de recomposición salarial, porcentajes que son hasta ahora los más cercanos (aunque por debajo) a las previsiones de inflación anual para 2018 y que están muy por encima de los acuerdos paritarios logrados por sectores conducidos tibiamente por dubitativos sindicalistas que acompañaron primero a Smith y ahora a Acuña en sus timoratas gestiones en la CGT. Mientras Macri planea un shock de imagen con la reunión del G20, la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte presiona fuertemente para la concreción de un paro general contra el ajuste, pone así a la CGT contra la pared, la que luego de los logros paritarios de gremios confrontativos, queda muy expuesta a configurarse definitivamente como el sindicalismo entreguista que las actuales políticas anti obreras necesitan. El último acuerdo con el FMI tiene solapado en letra chica el compromiso del gobierno de Cambiemos de profundizar la reforma previsional, implicará que la descapitalización del Fondo de Garantías de Sustentabilidad se agrave sensiblemente. Se avizoran tiempos de resistencia desde las bases obreras que presionarán a sus dirigentes para que se pongan a la cabeza de la causa de evitar que los trabajadores y los jubilados sigan resultando perjudicados, los próximos meses la angustia social se agudizará, la presión sobre los precios por un injusto incremento del precio de la nafta y el nuevo aumento previsto sobre los servicios esenciales, llevarán en los últimos meses de 2018 la inflación al nivel anual más alto de los últimos 27 años, un claro símbolo del deterioro económico generado al país por el gobierno de las corporaciones, que no cesa en su objetivo de cumplir con el mandato del Poder Establecido de bajar a los máximos niveles posibles el costo argentino. Para lograrlo ya cuenta el gobierno con el presupuesto de ajuste que exigió el FMI, organismo internacional liderado por EEUU que ya tiene oficinas en el Banco Central de la República Argentina, la Cámara de Diputados lo votó favorablemente con la destacada ausencia de Lilita Carrió, que una vez más se borró y continúa dilapidando credibilidad, y la Ministra de Seguridad envalentonada por el fenómeno Bolsonaro, le da día a día más definición al modelo político violento , con declaraciones altisonantes, pretendiendo disciplinar a quienes creen que el reclamo en las calles será la única alternativa de ponerle límite.   Por Juan Balois Pardo

 

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