Se apagaron los ojos de una mujer pionera, doña María se fue vestida de novia

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Hace pocas horas que María Carrillo Ruiz ya descansa en paz. La nota que compartimos son expresiones de su nieta Patricia. Es la historia de una mujer pionera que amo esta ciudad, y que fue despedida con cantos, alabanzas y vestida de novia, tal fue su deseo antes de partir. Se cantaron las canciones que a ella la conmovían, que la aceraban mas a Dios, su pertenencia a la Iglesia adventista de Caleta Olivia fue desde siempre su compromiso. Su vestido de novia, fue otro signo de amor que la distingue. Ella fue a encontrarse con su amado esposo, por eso se fue vestida para la ocasión.

 Una mujer reconocida por sus familiares y allegados como de intenso coraje y honorífica sabiduría; portadora de una fe inquebrantable. Tenía 86 años y cerró sus ojos a la vida el pasado 3 de Julio de 2017. Fue una de las tantas mujeres que cruzó la cordillera chilena hacia argentina para establecerse finalmente en nuestra querida Caleta Olivia, vislumbrando un porvenir pujante.

Escrito por Patricia Jiménez Rivas

Tantas historias de vidas que estuvieron en el silencio y que han sido parte del desarrollo de una ciudad. Doña María Ludgarda Carrillo Ruiz, un nombre extenso como la trayectoria de vida y con apiladas anécdotas. El pasado 3 de Julio, sus ojos de color pardo se apagaron tras sufrir una dolorosa enfermedad producto de la Diabetes.

Una mujer que fue reconocida por importantes virtudes. La caracterizaba su intenso coraje, generosidad hacia el otro, con una destacada sabiduría y con una fe en Dios inquebrantable. Esto último fue su respaldo en todos los momentos de su vida.

Doña María, cuando tenía alrededor de 23 años dejó su pueblo de Osorno, Chile, junto a sus dos pequeñas hijas (Fabiola y Lutgarda) para cruzar la cordillera hacia Argentina. Fijó como destino la ciudad de Comodoro Rivadavia por el año 1957. Por ese entonces, asumió retos inciertos con gran coraje. Hacía poco había quedado viuda y en su corazón albergaba la idea de que algo mejor le esperaba para sus retoños.

En esta ciudad petrolera se dedicó a la confección de trajes, logrando destreza como sastre. Esta profesión la llevó a ganar gran fama en la zona. Fue en ese tiempo, en medio de los vientos imparables y el intenso frío, hacía que su trabajo sea más requerido. Fue allí, que el destino le dio una oportunidad más en el amor. Conoció a don Mainor Lagos Cuevas, un coterráneo. Hombre aguerrido, pintón, con insignia de trabajador; que cautivó a la joven madre. Para ese entonces, él dejaba atrás la labor sacrificada de la Mina de Lota, Chile, “ante la crisis del carbón cuando la demanda del mineral disminuyó lentamente, hasta fines de la década del 60.” (sic. nota periodística “La ciudad de los mineros”, abril 2014)

Al tiempo de conocerse, juntaron fuerzas para tirar hacia un mismo lado. En los primeros años de 1960, decidieron adentrarse unos kilómetros al sur siendo su próxima parada: Caleta Olivia. Para ese entonces, “se declaraba Municipalidad la localidad, al haberse constituido la provincia de Santa Cruz un año antes, perdiendo la cabecera departamental de la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia.” (sic. Wikipedia  sobre la historia de Caleta Olivia) Sucesos que marcaban un tiempo en la región.

En Diciembre del año 1974, tomaron la decisión de contraer matrimonio. Mientras las niñas se hacían jovencitas, enfrentaron de la mano sin sabores y alegrías. Don Mainor Lagos Cuevas se dedicó a la albañilería, quién tuvo demanda por ser responsable en sus compromisos. Ella, continuaba con lo que sabía mejor hacer, sus manos fueron el reflejo de tanta faena con la costura.  Pero ambos seguían en pos de un porvenir mejor!

María y Mainor disfrutaron del crecimiento de la ciudad. Saborearon de los manjares comestibles que ofrecía el extenso mar. Supieron ser testigos de acontecimientos importantes, como la inauguración del Monumento al Obrero Petrolero «Gorosito» en el marco de otro aniversario del descubrimiento del petróleo.  Tanto María como Mainor abrazaron el lugar que eligieron como prometedor de cosas buenas. Nunca quisieron emigrar, amaron profundamente Caleta Olivia.

Más tarde, la familia se agrandaría. También, el amor sacudía los corazones de Fabiola y Lutgarda poblando la Patagonia argentina: Llegaron los primeros nietos, Robinson, Patricia y Marcelo. Luego, Alejandro, Olga, Matías, Andrea, Raúl y Franco.

Para esto, comenzaron a disfrutar de los esfuerzos. Obtuvieron terrenos, dejaron de alquilar y sus propios proyectos de vivienda se hacían una realidad. Las hijas crecieron y se abrieron camino pero el amor de ellos, no tuvo freno y continuó en los nietos. Se vivieron épocas de vacas gordas y vacas flacas.

Parecía que la soledad en el amor golpearía una vez más las puertas del corazón de doña María. En mayo de 1997 se despedía don Mainor Lagos Cuevas producto de una enfermedad terminal. No bajó sus brazos, tomó coraje y siguió sembrando sus virtudes.

Esta nota, la escribo como su nieta aunque la supe amar como una madre. María nunca se quejó de las situaciones que padeció. Una ferviente mujer de fe que supo edificar a su entorno sobre quien la sostuvo en todo momento.

Podría decir, que en la vida, ella se presentó sola dejando una gran huella en el corazón de muchos. Hoy despedimos físicamente a nuestra querida María, a la mami, la abuelita, la vieja, la gordita, la mainora, la hermana, pero por sobre todo a una mujer virtuosa. Finalizo esta nota diciendo: ¿Alguna vez te preguntaste que huellas dejarás para otros cuando te toque partir de la tierra? Yo, lo hice!!

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