Joven denunció haber sido abusado por sacerdote en parroquia santacruceña

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Su declaración se dio en el marco de la acusación que recayó contra los sacerdotes del Instituto Religioso Discípulos de Jesús de San Juan Bautista. Hay dos denuncias penales y 25 canónicas que incluyen abuso sexual de menores, corrupción económica y enriquecimiento, violencia psicológica y reducción a la servidumbre. El denunciante tenía 16 años cuando habrían comenzado los abusos en la localidad santacruceña.

Cerca de 25 denuncias canónicas y dos penales hay detrás del fundador del Instituto Religioso Discípulos de Jesús de San Juan Bautista y otros sacerdotes de una congregación que nació en Salta, y se expandió por Chile, México y España, la que finalmente fue intervenida por la Santa Sede.

En 1996, el padre Agustín Rosa fundó el Instituto Religioso Discípulos de Jesús de San Juan Bautista que depende del Arzobispado de Salta. Veinte años después, el cura fue expulsado y vive recluido en Finca La Cruz. Tanto Rosa, de 64 años, como Nicolás Parma, otro sacerdote de 38 años de la misma comunidad, están denunciados por abuso sexual.

El exnovicio Yair, denunció a los dos sacerdotes por abuso sexual simple; y la exmonja Valeria, dijo haber sufrido abuso por parte del fundador del Instituto. Cabe mencionar que  la denuncia de Yair está radicada en la fiscalía número 2 de delitos contra la integridad sexual de Salta; la segunda fue iniciada por Valeria -exmonja- en la Oficina de Orientación a la Víctima,  en la misma fiscalía. Ella denuncia al padre Rosa por amenazas coactivas, reducción a la servidumbre y abusos sexuales reiterados contra su persona y otros miembros de la comunidad e incluye una petición de prohibición de acercamiento. La declaración, que ya tiene trece páginas, será ratificada y ampliada el 21 de diciembre.

La orden, que nació en la Parroquia de la Santa Cruz en Salta, se convirtió en una comunidad con representación en todo el país, Chile, México y España. El instituto tiene a cargo parroquias, hogares de ancianos, conventos de clausura y casas para la formación religiosa. En esos lugares, conviven hermanos y hermanas que, según los preceptos del derecho canónico, deben consagrar su vida a la oración y respetar los votos de obediencia, pobreza y castidad. La orden, que hoy tiene 150 miembros, llegó a contar con más de 47 sedes.

Te voy a partir en 8

Yair vive en La Plata. Cuando tenía 16, estaba en la casa que la comunidad tiene en Puerto Santa Cruz. Allí sufrió el primer abuso por parte del cura Nicolás Parma, cuyo nombre religioso es Felipe. “Era una persona violenta”, recordó. En 2012, el padre lo invitó a su habitación y ocurrió lo que hoy prefiere olvidar. Estaba lejos de su familia y sin poder hablar con nadie. En Santa Cruz, al principio, Yair soportó la soledad y el olvido de Felipe. Hasta que algo cambió. Empezó a tenerlo en cuenta. “Te voy a comer la boquita, te voy a partir en 8”, le decía.  “Me llamó una vez a su pieza, me pidió que duerma la siesta con él, yo le dije que no. Me dijo que me acueste en su cama. Él estaba tapado y yo estaba vestido. Empezó a besarme el cuello y a acariciarme la espalda y las piernas. Mientras hacía eso, se masturbaba. Sentía cómo se movía y cómo gemía”.

Su hermanito de 12 años fue a vivir con él a la comunidad. Lejos de tranquilizarlo, su presencia le sumó más angustia. El chico confiesa que intentó suicidarse más de una vez. Cuando todo esto pasó, le escribió una carta al Padre Agustín Rosa para contarle su infierno. Confió en que lo cambiarían de casa. Volvió con su familia hasta que, inesperadamente, recibió el llamado de Rosa. Para él fue toda una sorpresa: para sus padres, la palabra del cura era la palabra de Dios. Lo invitó a regresar al Instituto pero en su sede, en Salta. Allí fue abusado al menos otras cinco veces por el fundador de la orden.

“Me volvió a pedir que nunca dijera nada de lo ocurrido y que cuidara el nombre del padre Felipe”, dice Yair. Rosa le pidió que perdonara la debilidad de su colega y empezó a acercarse más a él. “Para abusar de los hermanos, el padre Agustín era muy astuto”, asegura Valeria. “Se acercaba a ellos, les decía que había querido tener hijos y les decía que él los quería como tales. Después (les decía) ‘tu familia no te contiene, yo te contengo’; o ‘tu papá te abandona, yo no’”. Yair relata lo mismo: “Me decía que mi papá no había estado en mi infancia y que él era mi nuevo papá”. Yair y Valeria coinciden en el modus operandi de Agustín: “Le decía a los hermanos que tenían varicocele y les pedía que se bajaran los pantalones para revisarlos”.

Las denuncias ante la justicia canónica

En agosto de 2015, el Vaticano designó a un comisario canónico para analizar las 25 denuncias recibidas por canales eclesiásticos de miembros de la comunidad sobre las irregularidades dentro del Instituto.

Las conductas que debería analizar ese enviado papal, Monseñor Luis Stockler, obispo emérito de Quilmes, incluían abuso sexual de menores, corrupción económica y enriquecimiento, violencia psicológica y reducción a servidumbre.

Fuente: ADN SUR

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