María Márquez: una vida tejiendo identidad santacruceña

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Artesana del tejido y pronta a jubilarse, María hace un recorrido sobre su vida, su trabajo sembrando identidad y pide a las nuevas generaciones que cuiden nuestra cultura: “Es importante que la gente joven aprenda estas técnicas porque si se pierda la Cultura, no nos queda nada”.

María tiene las manos gastadas de acariciar lana y tejer sueños. Tenía cinco años cuando su mamá puso en sus manos un vellón de lana ovina. La textura suave y el aroma del campo de su Chiloé natal, le quedó impregnada en el alma. De familia de artesanos y artesanas, su vida estuvo rodeada de telares, lanas y maderas y en ellas encontró una forma de sustento que la llevó por distintos caminos. 

A los 17 años llegó a Río Gallegos para asentarse. En 2008, se acercó al Programa de Recuperación y Estímulo del Patrimonio Artesanal Provincial (P.R.E.P.A.P.), porque otras mujeres, como su mamá, enseñaban la técnica ancestral del telar mapuche. Se reencontró con sus raíces y en los talleres del Complejo Cultural Santa Cruz, rodeadas de otras como ella, artesanas y tejedoras, construyó su propia historia. 

Una historia que conjuga raíces de acá y allá, como todos aquí en la Patagonia, y María sintetiza en una obra que la llena de orgullo: el Poncho Santacruceño.

A pocos días de su jubilación, hace un breve recuento de su trabajo con el firme propósito que otros tomen la posta y todo lo aprendido tenga la continuidad necesaria en las nuevas generaciones. “Es importante que la gente joven aprenda estas técnicas porque si se pierde la Cultura, no nos queda nada”, afirmó María con la emoción a flor de piel mientras recorre con la mirada del Salón de ventas de P.R.E.P.A.P. (ubicado en José Ingenieros Nº 60, en el Complejo Cultural Santa Cruz), colmado de prendas hechas con sus propias manos. 

Creado en 1981, el P.R.E.P.A.P. -dependiente de la Secretaría de Estado de Cultura, del Ministerio de Gobierno- nuclea, protege y difunde el trabajo de más de 160 artesanas y artesanos de toda provincia. Hace 16 años, le abrieron las puertas a María y nunca más se fue: “Aprendí a tejer en P.R.E.P.A.P. en un curso acelerado de telar mapuche, a cargo de Julia Figueroa, pero vengo de familias de artesanos. Mi madre y tías eran tejedoras. Hacían unas prendas espectaculares, bordados y tejidos hermosos. Los hombres de mi familia son artesanos de madera”.

“El telar mapuche se teje en Chiloé y acá los tehuelches aprendieron a tejer con los mapuches. Porque los tehuelches solo pintaban los cueros de guanaco. Después aprendieron la técnica del telar de los mapuches”, contó la artesana que entrelaza su propia historia también en el telar. 

Y agregó: “Desde ese primer taller, P.R.E.P.A.P. fue como mi casa, siempre seguí tejiendo y después empecé a dar talleres de telar mapuche y también hilado que lo aprendí de mi madre a los cinco años y no lo dejé más”. 

Como buena artesana, difunde las bondades de ser tejedora como una salida laboral, pero también recreativa: “Además de que es un buen emprendimiento porque hay mucha gente a la que le gusta tener algo creado con nuestras propias manos y de nuestro lugar. También hace bien a la mente, te despeja, te metes en el telar y te olvidas de todo lo que te pasa”. 

“El telar es un trabajo creativo en que cada prenda es única y te llena el alma”, subrayó al destacar que en nuestra provincia existe muchas artesanas muy valiosas.

“A los salones de P.R.E.P.A.P. vienen turistas extranjeros y quedan maravillados porque todo lo hacemos con las manos. Acá no hay máquinas. En otros lugares hay artesanías, pero se hacen con máquinas, acá todo es cien por ciento artesanal”. 

Poncho santacruceño

A largo de estos años de trabajo en pos de la cultura santacruceña, María emprendió diferentes proyectos en los que recibió reconocimiento provincial y nacional, pero su mayor orgullo es el Poncho Santacruceño o “Campo Moro”. 

“Lo que más me gusta hacer es el Poncho Santacruceño porque me emociona. Le pongo mucho amor porque es la tierra que me recibió y me dio un familia. Me encanta hacerlo, no te puedo explicar la emoción que me agarra cada vez que me siento frente al telar para comenzar un poncho”, destacó María y se le llenan los ojos de lágrimas al ver en un maniquí la emblemática prenda.

“El Poncho está representado quienes somos, nuestra raíces. El blanco y el negro, representan el carbón y la lana ovina. El amarillo, que se hace con las raíces del calafate, el verde con la yerba y el violeta con el fruto de el calafate. Todos productos de nuestra tierra”, afirmó.

María también es maestra de artesanas. Durante años, a través de sus talleres, pasaron muchas de las tejedoras actuales de P.R.E.P.A.P. y tantas otras distribuidas a lo largo de la provincia, por lo que enseñar es algo que continuará haciendo luego de la jubilación. “Cuando me jubile no quiero dejar de dar talleres para que no se pierda la cultura”.

A las “herederas” de María, ella les pide que sigan con su trabajo “porque nuestra misión, como tejedoras, como artesanas, es que no se pierda la cultura santacruceña”.

“Que den talleres y que expliquen lo que hacemos, para que todos lo entiendan y valoren lo que se hace en P.R.E.P.A.P. que es cuidar nuestra identidad y nuestra cultura”, concluyó. 

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