El vecino de Caleta Olivia recordó su militancia social en los años previos a la dictadura, la persecución sufrida por sus compañeros y su llegada a la Patagonia en 1976 para resguardarse.
En el marco de un nuevo aniversario del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Armando “Pichi” Castro, vecino de Caleta Olivia, compartió su testimonio marcado por la militancia social, la persecución y el exilio interno hacia la Patagonia. “Hoy es un día muy especial, y quizás este viento tan fuerte esté arrastrando por los pueblos la memoria”, expresó.
Castro rememoró sus inicios en el trabajo social tras conocer en 1971 al obispo Angelelli en La Rioja, a quien definió como “un ser humano extraordinario”. “No tenía necesidad de estar en la Iglesia para dar una misa, daba charlas y nos hablaba en cualquier momento y lugar. Era un hombre que no perdía un minuto de su vida para que la gente haga conciencia social”, destacó.
A partir de esa experiencia, se involucró en la militancia junto a la juventud peronista. Sin embargo, con la llegada de la dictadura, la situación cambió drásticamente. “El Golpe de Estado empezó el 24 de marzo y a los días detienen a un compañero mío en Pituil, y otros más empezaron a caer por la zona, por el solo hecho de trabajar socialmente”, relató.
Según su testimonio, la persecución se dirigía contra quienes denunciaban condiciones laborales injustas. “Hacíamos denuncias de aquellos que tenían empleados en negro, semi esclavizados, y eso molestaba mucho”, explicó. Ante ese contexto, decidió abandonar su lugar de origen: “Veía que iban a venir por nosotros también, así que le dije a un primo que armemos el bolsito y nos vayamos para otro lado”.
Castro llegó a la Patagonia en abril de 1976, donde ya residían sus hermanos. “A la semana ya estaba trabajando, porque en ese tiempo se necesitaba mucha mano de obra, el petróleo estaba en auge”, recordó.
Finalmente, subrayó la dureza de aquellos años y el impacto en su entorno cercano. “El proceso fue muy duro, para todas aquellas personas que lo vivieron en carne propia”, afirmó. En ese sentido, mencionó que “un matrimonio de docentes y abogados que eran compañeros míos se los llevaron y no volvieron nunca más. Ellos están desaparecidos hasta el día de hoy”, mientras que otros permanecieron detenidos durante años. “A mis compañeros los han torturado de una manera aberrante”, concluyó.