El FMI, como siempre, va a exigir que el ajuste lo paguen los actores de la pequeña economía local, siempre son los jubilados los más débiles, los que no pueden hacer paro y gritan bajito, luego los asalariados, a los que creen que le pueden seguir quitando poder adquisitivo gracias a la facilidad con la que cooptan a los representantes gremiales, a los que por un lado le facilitan el negocio de las obras sociales y por el otro los carpetean con datos de los perversos servicios de inteligencia que hoy maneja el amigo del Presidente, el ex representante de los jugadores más caros de boca y además intermediario de Odebrech para estimular a funcionarios de la Obra Pública como De Vido o López y obtener beneficios en el soterramiento del Sarmiento, entre otras obras, además, por las dudas, el gobierno profundiza alianzas con las fuerzas de seguridad por si es necesario parar protestas con la tonfa y la posta de goma, y como todo esto puede no alcanzar, llaman a jueces amigos para que agilicen expedientes y los hagan escarmentar con causas “reales” que resultan efectivas a la hora de disciplinarlos políticamente.

El anuncio del pedido de auxilio al FMI fue prematuro, le urgía al gobierno la necesidad de llevar tranquilidad a los grandes fugadores de dólares que hacían que los billetes verdes escaseen y trepe su valor. Una Corrida de esta magnitud no la generan los ciudadanos, es irracional insinuar que se trata de una opereta política que mandó a la gente común a sacar sus dólares del banco, una corrida de estas dimensiones la generan los grandes jugadores, principalmente los Fondos de Inversión que bicicletean en las Lebacs, los ciudadanos que tienen sus ahorros dolarizados en los bancos suman una cantidad tan ínfima de dinero que ni siquiera mueve el manómetro.

El Presidente en persona salió anunciar que había llamado por teléfono y que el ministro Dujovne viajaría a la sede del FMI, dijo casi nada, lo importante para los argentinos es, ¿qué tendremos que hacer a cambio del préstamo?

Lo que se viene es más de lo mismo, lo de siempre, el gobierno por naturaleza política está de acuerdo en enfriar la economía, es decir, está de acuerdo con que caiga el consumo, que caiga la industria nacional, está de acuerdo con la recesión, está en su esencia, siempre recuerdo cuando mi admirado amigo Sergio utilizó la fábula de la hormiga y el escorpión para hacerme tomar conciencia de la necesidad de identificar la genética ideológica en la política.

Los negocios personales de los Empresarios y Ceos gobernantes no pasan por la competencia comercial, todos sus negocios están regulados por ellos mismos ya que ahora manejan el poder público, las transportadoras y distribuidoras de electricidad, el gas de Shell, las autopistas, y muchas concesiones del Estado. Son estos negocios en los que el ciudadano no tiene opción alguna de prescindir del servicio, no podés no pagarles, no hay otro que les compita, vos no elegís a que empresa comprarle la luz o el gas, encima si no pagás te cortan el servicio, vos no elegís a que concesionaria de peajes pagarle, tenés que pasar por ahí y si no pagás no te dejan pasar, son negocios exclusivos y ahora autoregulados, si, como siempre, ellos de los dos lados del mostrador.

Lo que nos van a decir, con la cara de póker característica, es que: las medidas las impone el FMI, que ellos no querían hacerlo, que la culpa es de otros, que es la herencia, que son lo peronistas, que es por la oposición irresponsable, que es por los gremios corruptos , y sí, hay que reconocer que el guión es bueno, la verdad es que la realidad les da letra verosímil, los que se fueron generaron la Década Robada, en general la oposición política tiene poca jerarquía , el peronismo no se hizo cargo de Menem, y los gremialistas , salvo pocas excepciones, tienen prontuarios que los hacen vulnerables ante un Poder Judicial desprestigiado e influenciable que se sigue alejando de la Justicia.

Es cierto que los últimos cuatro años del gobierno Kirchnerista no tuvo buenos resultados económicos, pero está claro el cambio de modelo hacia una economía especulativa que implementó el PRO, totalmente disociado del modelo productivo. El aporte inmenso de los asalariados a través de la pérdida de su poder adquisitivo en función de la eliminación de subsidios transformados en aumentos de tarifas, y de las paritarias que van cerrando acuerdos por debajo de la inflación, y los despidos de empleados del Estado, no redundó en reducción del déficit fiscal, a los poderosos se les redujo la carga impositiva, el pago del capital e intereses de la nueva deuda externa contraída en cantidades y tiempo record, y los interese pagados por timba en Lebacs, profundizó el desfasaje de las cuentas del Estado Nacional. Fueron las decisiones del PRO las que generaron el déficit de cuenta corriente, fueron las decisiones del PRO las que generaron un exponencial déficit comercial como consecuencia de su política de apertura de importaciones. Pero no lo admitirán, se reiterarán seguramente otra vez a engañando, recurriendo al signicante que Ernesto Laclau bien describe en un libro que un entrañable amigo, un joven con ideales claros, esmerado por interpretar la realizad política y social me regaló, titulado”La Razón Polulista”.

El Neoliberalismo se caracterizó por simular que lucha contra el déficit, pero siempre lo aprovechó para justificar el empobrecimiento de la enorme mayoría y el enriquecimiento de la pequeñísima minoría megaempresaria y financista, y también lo usó como excusa para apropiarse de empresas del Estado con privatizaciones.

Igual que Cristina nos van a decir que el que disiente con ellos es golpista, desestabilizador y agente del derrocamiento, nos van a decir que era inevitable, que fue heredado, y nos van a prometer, con cara de póker, que, si hacemos otro esfuerzo más vendrán entonces tiempos mejores, pero será más delo mismo, más de ese característico histrionismo irónico del PRO, las consecuencias de la debacle económica fueron autoinflingidas, son producto de la medidas del gobierno, como dice la canción de Coty, “NADA DE ESTO FUE UN ERROR”.

Por Juan Balois Pardo.

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