Está claro que el gobierno de cambiemos nada ha hecho hasta ahora para obtener más recursos, por el contrario, resignó recaudación al bajar las retenciones a las actividades primarias concentradas por Corporaciones Internacionales.

Nada se vislumbra en materia de activación económica para que aumente la producción y se genere así, mayor recaudación impositiva, es más, lo que queda claro es que la rueda del crecimiento, en lugar de girar de girar hacia adelante, lo hace hacia atrás.

Solo se apeló desde el actual gobierno al ajuste a través de la quita de subsidios al transporte público, la luz, el gas, el agua, así, al déficit lo están pagando los asalariados, los comerciantes y las Pymes, pero el esfuerzo de la sociedad está resultando en vano, el déficit no bajó, el monto que se ahorró con la eliminación de subsidios es igual al de los intereses que generó el nuevo endeudamiento.

Pasó Pratt Gay, pasó Melconián, quedó Sturzzenegger, pero permanece con una intensa puja interna que evidencia su falta de peso político, también Dujovne está muy lejos está de ser un Roberto Lavagna o un Roberto Alemann, ejemplos a los que apelo en función de las fuertes improntas que se destacan más allá de sus diferentes ideologías.

Se percibe un gobierno tan vacío de Ministro de Economía cómo en la época de aquel del mismo apellido que Cristina, el que dijo en un reportaje… “me quiero ir”, ¿recuerdan?. Pero para nada éste vacío significa que no haya un plan, al contrario, quizá el mismo abona la existencia, “también”, de un “Ministro Invisible”, sí, como las bases sólidas invisibles que el Presidente exhibió como logro económico en su último discurso inaugural de las sesiones del Congreso.

Solo hubo en estos dos años y cuatro meses un endeudamiento atroz y un fuerte ajuste sobre la ciudadanía, cuando esto sucede indefectiblemente caen los salarios, cae el consumo y la rueda que gira para atrás, aplasta la economía, la recesión es entonces un círculo vicioso que hace reaccionar a economistas como Cachanosky, para nada populista, llevándolos a pedir un golpe de timón.

Varios efectos económicos de origen extranjero impactaron fuertemente a lo largo de la historia sobre la Argentina, El Efecto Tequila de 1994, La Burbuja Inmobiliaria del 2008, La Crisis Griega de 2010, etc. El modelo de país deudor acrecienta la vulnerabilidad de la economía nacional, hoy, la salida de países fuertes de los Mercados Comunes, como es el caso del Brexit, la tendencia de E.E.U.U. al proteccionismo y los aumentos de tasas promovidos por Trump, generan condiciones desfavorables para lograr el financiamiento que, lamentablemente, parece imprescindible para el gobierno de Cambiemos. Mantener el nivel de las tasas pagadas hasta aquí, las que vale aclarar han sido muy altas, será cada vez más complicado en un mundo financiero modificado por la iniciativa nacionalista de Trump de salir a buscar inversiones para generar más empleo en su país . Destacados economistas advierten que, con las actuales políticas de alto nivel de endeudamiento y dado el contexto mundial, Argentina se coloca en zona de riesgo.

Antes de las elecciones Cambiemos aseguró que con ellos llegaban los brotes verdes, metáfora que representaba la llegada de grandes capitalistas del mundo que vendrían a promover grandes emprendimientos productivos con su plata, pero nada de eso pasó, es más, en España le dijeron a Dujovne, “¿cómo vamos a llevar dinero a la Argentina si Ud. Ministro y todo el gabinete tiene el propio en el exterior?”.

Así, claro está, no va a haber inversión extranjera productiva, tampoco habrá reinversión local, porque la industria sigue cayendo y solo ingresarán pesos por la timba financiera, dinero que hay que devolver con intereses, concepto éste que ya se ha convertido en el principal gasto de las cuentas públicas.

Pero eso no es todo, como si fuese poco, la salida de capitales argentinos a bancos del exterior creció tanto que está ya a niveles de 1999, el mayor registro de Fuga de Capitales de las últimas décadas, y sí, tenés razón, se trata de los años previos al corralito.

Recordemos, en el 2001 la iliquidez bancaria rondaba el 70% (hoy está cerca del 60%), en ese entonces los bancos le dijeron a los pequeños y medianos ahorristas en dólares que no le podían devolver su dinero en la moneda en la que fue depositado, adujeron que no lo tenían porque lo habían prestado, ¡y claro!, a eso se dedican los bancos, a ganar dinero prestando tu dinero.

Las entidades se justificaron ante sus ahorristas, convertidos entonces en caceroleros, trasladando la culpa a su principal deudor, el Estado Argentino, manifestaron que le habían prestado mucho (la deuda actual es del 60% del PBI) y que el gobierno no lo había aprovechado para recuperar la economía, sino, que lo utilizó en gastos corrientes (igual que ahora) y entonces entró en default, ¿te acordás de esa palabra?, exactamente, entró en cesación de pagos, dejó de pagar la deuda, y como consecuencia se acabó la convertibilidad.

Pasaron entonces cinco Presidentes en diez días y luego Duhalde prometió “el que depositó dólares recibirá dólares”, ja! Jaa!, fue exactamente al revés, vino la devaluación, claro, el retraso cambiario se afrontaba con deuda (actualmente pasa lo mismo) y la ecuación un dólar es igual a un peso pasó a ser un dólar es igual a tres pesos, entonces los bancos devolvieron solo un tercio del dinero a sus depositantes, y como siempre, el pato de la boda fue el ciudadano, los grandes empresarios se la llevaron afuera y los bancos , la inmensa mayoría extranjeros, se quedaron con dos tercios de la guita de los Argentinos, y colorín colorado, “Es la Economía, Estúpido”, con ésta última entrega, ha terminado.

Por Juan Balois Pardo.

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