Dos notorias marcas dejó el Kirchnerismo en una inmensa parte de nuestra sociedad, podemos sugerir un parangón con “la yerra”, cuando a hierro incandescente se graba para siempre el cuero del animal. La primera de ellas fueron los retornos de la Obra Pública, modalidad de cohecho que tiene como impronta visual de alto poder a los bolsos de López en el convento, y la segunda, la falsa política de reinserción laboral a través de Planes Sociales que insignificante resultado logró y que la mayoría de la sociedad aborrece llamándolo simplemente “subsidios”, término que con el paso de los años alcanzó el significante de “militantes vagos que bancamos entre todos”.
“Un gobierno coimero y prebendarlo que sacó provecho político de los vagos que le cortan las calles a los ciudadanos laburantes”, es la leyenda que gran parte de los argentinos estamparía en la remera del Kirchnerismo.
Ya pasó más de medio mandato del actual gobierno, y parece ser que a muchos de los argentinos, esa fuerte impronta que dejó el Kirchnerismo, les impide mirar el presente. Como ocurre con las grandes decepciones o con el despecho, el cerebro se bloquea y solo se piensa en ese pasado que generó un profundo dolor, corriendo así el riesgo de pagar consecuencias por mirar la realidad por el ojo de la cerradura, viendo solo un pedacito de ella.
A los altísimos niveles de corrupción del gobierno de Macri me he dedicado bastante, y las últimas noticias sobre las mentiras del Ministro de Finanzas de la Nación Luis Caputo, que falseó su Declaración Jurada para ocultar el lavado y la evasión a través de cuentas off shore en Paraísos Fiscales, me invitan a dedicarme en los próximas días al modus operandi del gobierno de los CEOS.
En nuestro país, los Argentinos que no tienen su voto comprometido y que inclinan la balanza del poder hacia uno u otro lado, han ejercido esa capacidad de pasar pesas de un plato a otro, en función de la situación económica. Cuando el ciudadano siente un profundo retroceso en su calidad de vida porque la guita cada vez le rinde menos, aparece entonces con claridad aquella célebre frase del jefe de campaña de Ronald Reegan “es la economía, estúpido”
Si superamos el efecto de las anteojeras del caballo y abrimos el plano para ver lo que pasa actualmente en el país en materia económica, sin que implique esto convertirse automáticamente en un kirchnerista desestabilizador, notamos fácilmente que la Política Económica va hacia el precipicio.
Una combinación nociva es la simultaneidad del Déficit Fiscal con el Déficit Comercial, el Estado gasta más de lo que recauda y el País compra más de lo que vende. Mirá, si tu kiosco gasta más de lo que recauda, te fundís, entonces para que tus hijos no noten que el kiosco va para atrás llamás al usurero, pero como no generaste ganancias en el kiosco, no le podés devolver la guita y ni siquiera pagar los intereses. Entonces estás quebrado amigo¡.
El gobierno de Macri no intenta resolver el déficit fiscal generando más recursos progresivos, el Estimador de la Actividad Económica (EMAE) así lo indica, la producción no crece, la recaudación impositiva no crece, no es ineficiencia, es el plan, un plan que favorece a los intereses corporativos, que beneficia al poder económico internacional, el que dio origen al neoliberalismo para ejecutar su programa a través de los empresarios locales aliados que, por supuesto, sacan su suculenta tajada .
Las empresas dominantes del mundo quieren lo que precisan de nuestro suelo a bajo precio, para eso necesitan pagar poco salario a pocos trabajadores, evitar todo tipo de valor agregado, y pagar lo menos posible de impuestos por llevarse los granos, por llevarse los minerales, por llevarse la recaudación de sus monopolios, etc. etc.
Entonces hacen a través del FMI que se ajusten las cuentas fiscales sacándole plata a los ciudadanos. Macri aumentó entonces sideralmente las tarifas de servicios, la luz, el gas , el agua, el transporte, los peajes, y otros, eliminó los subsidios y le dieron a sus amigos empresarios que usufructúan las concesiones, aumentos siderales que hacen que ahora esas empresas lobistas coticen el Wall Street.
Así el Estado gasta un poco menos y el ajuste lo pagamos todos los Argentinos, aplican un método recesivo reduciendo el poder adquisitivo del salario y la rentabilidad de los comerciantes, cuentapropistas y Pymes.
Pero lo más ingrato es que el tremendo endeudamiento externo del Macrismo, que no registra antecedente similar en la historia, y que sí será “la pesada herencia” para los próximos gobiernos, empezó a generar pago de intereses, lo que aumentó el déficit fiscal en la misma cantidad de dinero que la que pusimos de nuestro bolsillo todos los Argentinos con el tarifazo, es decir, a los usureros internacionales, banqueros amigos de Luis Caputo, le pagamos sus ganancias todos los Argentinos de nuestros bolsillos. Continuará…

Por Juan Balois Pardo

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