Creo que fue la Gendarmería.., Creo que fueron los Mapuches.., Creo que el Gobierno no tiene nada que ver.., Creo que el Gobierno encubrió…
Creer es un acto de fe, se trata de la confianza de una persona en una opinión, la creencia no está sustentada en pruebas.
La fractura social de la que habla Ernesto Laclau, se percibe hoy inmensamente amplificada y singularmente caracterizada por la repulsión. La mayoría de los involucrados en este fenómeno se posicionan sobre una u otra de las orillas de la “grieta” fundamentalmente porque es el sector opuesto al que los espanta. A diferencia de las reiteradas fracturas sociales de la historia generalmente originadas en pujas de intereses entre distintos estratos sociales, la “grieta” actual, está sustentada en la aversión hacia el que no opina en la misma sintonía, un “punto” de vista disonante implica que ese “punto”, desde el que el otro ve, está situado en la orilla de enfrente, por lo tanto, desde un simplismo nada reflexivo, es desvalorizado y descalificado.
En el caso de Santiago Maldonado el fenómeno de La Grieta es evidente, el que desea que el culpable sea Macri, cree que el culpable es el gobierno, y los que desean que la culpable sea Cristina, creen que es un armado Kirchnerista.
Así como en las diez entregas que publiqué en Voces y Apuntes sobre la muerte de Nisman, a partir de información de fuentes confiables, intentaremos, a partir de varias entregas, arribar a conclusiones racionales sobre el Caso Maldonado. Ante el fenómeno descripto en los primeros párrafos comienzo esta serie de publicaciones sabiendo que no podré escapar del efecto de la Grieta, consciente del riesgo de ser rotulado de referente de “la otra orilla” si los datos publicados no van en el sentido de lo que, de antemano, los divididos por la grieta “ya creen”, y por ser la creencia una cuestión de fe, “ya saben”.
Para introducirnos en los hechos concretos superemos primero, y rápidamente, la increíble embarrada de cancha, el tremendo aporte a la confusión, que en el caso Maldonado se generó a través de una inmensa cantidad de memes de redacción anónima, o tweets con nombres psicodélicos, trolls y operadores políticos camuflados de periodistas que inundaron de mentiras las redes e inclusive diarios, radio y televisión. Solo a modo de ejemplo recurro al Tweet de Bracesco, que un querido amigo reprodujo en Facebook, mediante el cual comunicaba que Santiago Maldonado, de acuerdo a trámites formales, había salido 8 veces de Chile y había ingresado solo dos veces a la Argentina, le pregunté al periodista de Clarín vía Tweet si tenía constancia que migraciones de chile haya sellado reiteradas salidas del país sin mediar registro de ingreso al mismo, nada contestó, ningún otro medio dio entidad a un dato fácil de verificar, sería un grosero error del sistema de migraciones de chile sellar la salida formal sin mediar un ingreso al mismo, pero mi amigo, como el dato estaba en sintonía con su creencia, es decir, con su deseo, rápidamente lo compartió y multiplicó su efecto, contribuyendo “inocentemente” a la construcción de lo que hoy llaman “la post verdad”, consistente en la repetición de una afirmación falsa que por su inmensa propagación se instala como cierta.
Conocida la denuncia de desaparición de Santiago Maldonado formulada por su familia, comenzó un período demasiado extenso de aparición “a cuenta gotas” de información, tanto es así que recién el 13 de Septiembre, casi un mes y medio después del hecho, nos enteramos que el gendarme Nery Armando Robledo formó parte del grupo de gendarmes que, sin orden judicial, ingresó al Pu Lof, llegó hasta el río, apedreó a un encapuchado, e inmediatamente se fue de licencia por más de 40 días por enfermedad de un familiar. Sus superiores autorizaron de manera “express” su partida y nada dijeron del octavo gendarme, revelación que sorprendió a la prensa nacional toda, porque durante el tiempo transcurrido Gendarmería y el Gobierno Nacional sostuvieron que el grupo que había perseguido a los huidizos mapuches, estaba conformado por siete gendarmes.
Robledo fue interrogado en actuaciones administrativas internas de gendarmería recién el 12 de Septiembre, el mismo día el Ministerio de Seguridad presentó la declaración en la causa judicial. Nery Armando Robledo manifestó ante el sumariante que tiene certeza de haber impactado un piedrazo contra un encapuchado porque su compañero, de apellido Pelozo, le dijo al instante “sí, le pegaste”.
El mismo 12 de Septiembre también la opinión pública tomó tardíamente conocimiento de testimonios determinantes obrantes en actuaciones sustanciadas por el ex secuestrador de niños, funcionario y hombre de confianza de Bullrrich, Daniel Barbelis, el 16 de Agosto, veintiséis días antes, un gendarme había reconocido que cerca del río hubo enfrentamientos con piedras y postas de goma, dato que hoy se constituye en una nueva y contundente contradicción de Patricia Bullrrich, quien negó recurrentemente la existencia de algún indicio de acciones efectuadas por la Gendarmería que pudieran estar relacionadas con la desaparición de Maldonado. A Bullrrich, que más de 30 Gendarmes hayan ingresado sin Orden de Allanamiento al territorio, ya que la Orden judicial se refería exclusivamente al despeje de la ruta y el objetivo estaba logrado; que se hayan aproximado a uno de los perseguidos en la orilla del río al que le arrojaron piedras características del lugar, de gran tamaño y peso,, ¿no le pareció un indicio a considerar?
Contradicción alineada con la de la Ministra de Seguridad fue la del Jefe del Escuadrón Esquel, Fabián Méndez, quien sostuvo que nunca se acercaron a menos de 40 mts. del río, contrariando lo declarado por los gendarmes.
Una causa plagada de ocultamientos y contradicciones de las que nos ocuparemos en las próximas entregas.

Por Juan Balois Pardo

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