Te echamos porque los que conformamos una amplia mayoría entendemos que no te merecés ser Diputado.
El Artículo 66 de la Constitución otorga amplias facultades al Congreso para que decida sobre sí mismo, tanto, que permite la expulsión de un Diputado sin condiciones específicas. La Carta Magna establece que, si los dos tercios de los presentes en una sesión entienden que, después de asumir, el legislador cometió actos que determinan su inhabilidad física o moral, puede ser echado.
No se trata de un juicio político, no se meritúan pruebas, no importa el derecho, no tiene entidad la defensa, solo importa la voluntad de echarlo por parte de una mayoría especial, es decir, que sus adversarios reúnan la cantidad de votos para alcanzar los dos tercios de los presentes.
Varias veces el Poder más plural de la República tuvo el intríngulis de determinar si el derecho de los ciudadanos a elegir a sus representantes es realmente soberano. Los casos de Patti y Bussi son ejemplos claros de la fragilidad de la facultad del ciudadano a consagrar con su voto a sus representantes en el Congreso, los nombrados fueron electos Legisladores Nacionales con sus frondosos antecedentes, y aún luego de haber gobernado al frente de cargos ejecutivos electivos, no pudieron desempeñarse como miembros del Parlamento por decisión de sus pares.
La Constitución entiende que la inmensa mayoría de los honorables integrantes de la Legislatura arribó a una racional conclusión. Considera que los electores ponen en el Congreso prestigiosos y analíticos referentes que pondrán la razón por delante de todo, y que uno de esos venerables representantes descarriló del sendero de la moralidad “después de asumir”, por lo que le otorga al Cuerpo la herramienta normativa necesaria para sacar del Congreso a la Manzana que ingresó incólume pero después se pudrió.
Personalmente creo que en los tiempos actuales tiene menos preponderancia la deliberación, el intento de persuadir y la disposición a ser persuadido, la búsqueda del consenso o del acuerdo, rasgos que deberían seguir siendo caracterizadores del “Poder Deliberativo” , y me parece evidente que los argumentos son frecuentemente manipulados , no se circunscriben a los principios ideológicos como en tiempos de Juan Manuel Estrada, Alfredo Palacios, Leandro Alem o Williams Cooke entre tantos otros que podríamos citar. La conveniencia dejó de ser un disvalor, la habilidad pragmática parece ser más ponderada que la coherencia, las candidaturas testimoniales, las listas sábanas y las campañas legislativas cargadas en las espaldas de los Gobernantes de turno y no de quienes se van a sentar en las bancas, son ahora las herramientas más eficaces y los recursos electorales más recomendados por los gurúes de campaña.
El prestigioso periodista Tuny Kollmann tuiteó ayer “me alegro porque era inconstitucional, pero a mí me hace ruido que el que tiene 2/3 pueda echar a integrantes de la minoría”. Coincido totalmente con su manifestación, tengo que aclarar que creo que Julio De Vido será juzgado y condenado, que los sobreprecios y retornos de la obra pública en su gestión constituyeron un sistema delictivo palmario, pero que por encima de lo que individualmente creemos hay principios generales que no podemos pisotear, el que juzga la conducta de las personas es el Poder Judicial, debe hacerlo partiendo del principio de inocencia, con un proceso transparente, dando lugar a la defensa, y en función de las pruebas objetivas, lo que en un Estado de Derecho debe regir para todas las personas, también para De Vido.
Kollman dice que expulsarlo era inconstitucional, estoy de acuerdo, para aplicarse el Artículo 66 debe tratarse de hechos suscitados luego de su asunción, y claramente en el caso De Vido no es así. Para la Constitución, si parte de la ciudadanía lo hizo Diputado con su prontuario, esos antecedentes fueron considerados por los votantes, y conociéndolos le otorgaron representación política, le delegaron facultades legislativas, validando políticamente sus antecedentes decidieron que él los represente.
Quienes sancionan las conductas humanas son los jueces, y este principio se defiende mucho más cuando se trata de un adversario, es este un auténtico valor Republicano, atados a él, Argumedo, Pino Solanas, y tantos otros legisladores que denunciaron a De Vido por corrupto votaron acertadamente de manera negativa a la iniciativa oficial de expulsarlo.

Por Juan Balois Pardo.

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