Mi querido amigo Leandro, compañero de lindas charlas ideológicas, tuvo la buena idea de regalarme el libro de Ernesto Laclau “La Razón Populista”, me preguntaba en voz alta en su presencia ¿qué quieren decir cuando dicen Populismo?, recién voy por la mitad del mismo, pero ya aparecieron en mi memoria, como suele ocurrir cuando un especialista desarrolla con dominio un tema, esos conocimientos dormidos que alguna vez estudiamos y que cuando alguien los explica con propiedad, despiertan.
Laclau me recordó la diferencia entre significado y significante, tantas veces el término populismo fue pronunciado junto a hechos o prácticas nocivas para la sociedad que, luego de repetirla un buen tiempo, la asociación con las cuatro o cinco malas acciones reiteradamente pregonadas se torna comúnmente inmediata.
El término “Popular” es masivamente agradable, es lo que pertenece al “Pueblo”, el significado original de la palabra “Populismo” es: tendencia a o afición a lo popular en todos los ámbitos de la vida, pero su repetición estratégica asociada a sucesos reprochables le da un significante incongruente.
En los últimos tiempos “Populismo” parece representar prebenda, cultura de la vagancia a cambio de subsidios, militantes por choripanes, podría citar otros ejemplos pero en síntesis, la significancia de populismo tiene que ver con la utilización del pueblo para un propósito de poder, para eso antes se utilizaba la palabra demagogia. El populismo ahora se asocia a la cartelización de la obra pública, a licitaciones arregladas, a amigos personales convertidos en empresarios inadmisiblemente exitosos, y hasta a bolsos que se dejan a la madrugada a unas ancianas monjitas. Para denominar esos actos existe la palabra “delitos “.
La estratégica cadena de significantes termina relacionando lo Popular con el Delito y todos sabemos que la delincuencia no es exclusiva de ningún campo social o ideológico. En mi opinión hay chorros y honestos de izquierda a derecha y de arriba abajo, pero, con este intencional proceder, se pretende asociar lo POPULAR con la DEMAGOGIA y el DELITO
Muchos “Ismos” dieron origen a los Anti “Ismos”, Peronismo-Antiperonismo, Radicalismo-Antiradicalismo, Menemismo-Antimenemismo, Kirchnerismo-Antikirchnerismo, y otros “Ismos” generaron boomerangs, es decir “Ismos” que se vuelven en contra, por ejemplo: Gorilismo-Populismo.
El “Ismo” sugiere una incondicional lealtad como mérito, el respaldo de todo sea lo que sea, el “Anti” “Ismo” sugiere un irreversible odio destructivo del sector odiado, haga lo que haga.
En estos días a mi amigo Gustavo le pasa lo mismo que a mí, tal vez a algunos de Uds. les suceda algo similar, si opinás que lo que hizo Mauricio está mal y lo criticás, te califican entonces de ”PERONISTA”, como si te insultaran, obviamente adjetivando con algún grueso epíteto, y obviamente también, dicho desde el más absoluto “ANTIPERONISMO”. Algo similar sucede si criticás a Alicia, viene de respuesta el calificativo “DESCALIFICATIVO.
Quizá, una buena forma de plantear las diferencias ideológicas para minimizar la capacidad desacreditadora de los significantes, y atenuar los efectos no deseados de los “Anti” y de los “Ismos”, sea relacionar claramente a los hechos con los ejes ideológicos, caracterizar los hechos políticos con palabras que refieren principios: NACIONAL (industria, cultura, producción trabajo, etc.) POPULAR, (precio de alimentos, educación, salud, familia, niñez ancianidad. Etc.)
Creo, y aclaro, es solo mi parecer, que pocos se animarán a reconocerse ANTINACIONALES Y ANTIPOPULARES, entonces, cuando alguien diga y fundamente, por ejemplo, que la decisión del Presidente de generar una monumental deuda externa en solo un año va en contra de los intereses del país, degrada la independencia nacional, compromete la viabilidad económica futura del Estado, y que la misma irreversiblemente impactará con mayor dureza en las familias de los asalariados y de los millones de trabajadores en negro, los reaccionarios sin argumentos solo podrán tildarte de Peronista, Alfonsinista, etc., etc. y muy probablemente acompañen estas palabras con términos como “Peronista cómplice” o “Alfonsinista conspirador” dejando en evidencia que no están dispuestos a hablar del tema, que buscan eludirlo, que en vez de argumentar una defensa racional atacan con pocas palabras.
Pregunto, ¿quién es el cómplice?, ¿quién es el conspirador?
Si ante la falta de argumentos para defender las decisiones de su líder, el recurrente descalificador serial,cegado por su condición de “Anti”, que le genera odio y a la vez una mínima, forzada e irracional esperanza en el gobernante que promovió, agrede sin discutir, solo por defender a su líder como sea, repele al que critica, solo por proteger a su líder como sea, entonces está claro que el cómplice es él, que el conspirador, es él. Pues expliquémosle detenidamente esta lógica y analítica conclusión. Claro, lo más probable es que él no lo asuma, pero al menos así muchos amigos de las redes se darán cuenta.

Por Juan Balois Pardo

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