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Un adiós a Don Jorge Cepernic, a través de tres ejemplos de dignidad. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Miguel Auzoberria   
Sábado, 24 de Julio de 2010 13:08

El pasado domingo 18 de julio, falleció Jorge Cepernic, y con él se fue no solo un símbolo del compromiso político ejercido con honestidad y sin miserables especulaciones, se fue un hombre honesto y con cualidades que hoy mucho no abundan.

 

En tiempos de “políticos profesionales” que llegan a la actividad para servirse de ella, y no para servir a la sociedad, a su pueblo. Don Jorge pertenece la clase de políticos que en nuestro país se podrían contar con los dedos de una mano, los que no se enriquecieron en su paso por la función publica, sino todo lo contrario sufrió cárceles, persecuciones y muchas veces el olvido de sus compañeros que se borraban en “tiempos difíciles”.

 

Quisiera rescatar algunas actitudes personales que lo pintan de cuerpo entero y dan muestra de la madera de este militante peronista.

 

La primera tiene que ver con los duros días de la “Revolución Libertadora”, la “Fusiladora”, diría Don Jorge, en aquellos tiempos que estaba prohibido cantar la marcha, nombrar al general o hacerlo eufemísticamente como “el tirano prófugo” o “el gobernarte depuesto”, mostrar símbolos del “régimen removido”, o hablar de sus familiares, entre tantas prohibiciones del decreto 4161 con el que se pretendía borrar de la faz de la tierra al peronismo. En esos días de desbande de los otrora “dirigentes peronistas”, un grupo de mujeres se acerco a la casa de Cepernic para pedirle que como peronista las acompañara a solicitar la realización de una misa en memoria de Eva Duarte de Peron, cualquier otro, hasta el mas pintado y valiente peronista les hubiese recomendado prudencia, Don Jorge no,  las acompaño en el pedido.

 

La segunda también de tiempos de militares en el gobierno, pertenece a la etapa de la denominada “Revolución Argentina”, que Juan Carlos Ongania intento instaurar desde 1966 por 20 años según su ilusión. En Santa Cruz, el gobernador militar designado fue un amigo de presidente – general, su nombre Carlos Rayneli, asumió en 1966 y todavía en 1971, después que su jefe ya había caído, y también su reemplazo Marcelo Levinstong , y que el nuevo mandas del país era Alejandro A. Lanusse con los militares en franca retirada con sus tires y afloje; en Santa Cruz, seguía el Vice-Comodoro Rayneli, tan orondo como en los primeros días de hacerse cargo del poder, una gran movilización en el mes de abril desde la localidad de San Julián, la suma de los empleados públicos agremiados en APAP, comerciantes, políticos, y todos los descontentos pedían la renuncia del gobernador, después de un choque con la policía, de sitiar la casa de gobierno, una comisión ingreso al despacho de Rayneli, entre ellos estaba Jorge Cepernic, en una entrevista que le realice en 1998, me contó lo que sucedió allí dentro: “Éramos ocho personas, nos fueron ubicando el gobernador en la cabecera, a mi junto al gobernador (…) Y cada uno hizo su planteo, yo no salía de mi asombro, pensaba : Puta estos tipos me trajeron acá y nadie dice la razón de la visita … cuando llego mi turno, los mire a todos, y Rayneli  me dice ¿Y usted señor? Y ahí yo le mande el “espiche” de que el pueblo congregado en la calle nos había comisionado para pedirle la renuncia al señor gobernador. En honor a la verdad se quedo frío, miró a todos y nos dijo bueno, yo les pido 24 horas para pensarlo…”. Así era Don Jorge, cuando cada uno planteaba su problemática sectorial, solo él recordó que el pedido era que se fuera el gobernador.

 

La tercera, otra de tiempos oscuros, del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, después de estar cinco años y medio preso en el Penal de Magdalena, a principios de 1982, le conceden el  arresto domiciliario. Don Jorge elige la estancia Josefina, allí se instalo pensando estar mas tranquilo, pero resulta que le dispusieron una vigilancia de 3 policías, de manera que estaba en su casa pero tenia que atender a tres milicos.

 

En esa situación tan indignante no solo para él, sino para su familia, es que Don Jorge toma un caballo lo ensilla, y sale de la estancia rumbo a Calafate para instalarse preso en la comisaría del pueblo.

 

Despacito se fue yendo por el campo, bajando alambrados, mientras los policías los de la estancia que lo vigilaban y los de la Comisaría que habían sido alertados de “la fuga” como si fueran protagonistas de una comedia de enredos deambulaban por la ruta buscándolo, Don Jorge cruzo el río y entro en el destacamento policial por la parte posterior, en el interior se encontró con joven al que le pregunto si era policía, “no soy detenido” le respondió, y donde están los agentes repregunto Cepernic, “se fueron todos buscando a un gobernador que se les escapo”.

 

Al terminar la patética búsqueda, la policía decidió retirar la vigilancia de la casa y colocar una discreta guardia en una casilla rodante. Así de claro y sencillo era, sin vueltas.

 

En 1983, a pesar de la retirada militar, Don Jorge Cepernic continuaba detenido en su estancia, muchos ya habían recuperado la libertad y  parecía ser el olvidado en la larga lista de detenidos, en plena campaña electoral Oscar Alende del Partido Intransigente en un acto realizado en el Club Río Gallegos reclamo por su libertad, al día siguiente se lo agradecía a Don Oscar cuando lo recibió en la Josefina con la enseña nacional flameando como correspondía.

 

En la campaña electoral del ’83, no pudo participar ni siquiera votar por su hijo Marcelo, que resultara electo intendente de Río Gallegos.

 

Recién en diciembre de 1983, a poco después de la asunción del doctor Raúl Alfonsín, cesó su arresto, ya funcionaba el Congreso de la Nación, donde el diputado radical por Santa Cruz, Emilio Guatti, había presentado un proyecto sobre la situación de Jorge Cepernic ex gobernador constitucional. Estas dos actitudes de dos hombres que no pertenecían a su partido, las recordaba siempre como un gesto de solidaridad poco frecuente.

 

Estas son las imágenes que quería rescatar, porque demuestra la entereza de este hombre que fue símbolo de las utopías que en la década del ’70, movilizaron a toda una generación que se proponía cambiar el país y el mundo.

 

Sueños que aquí en Santa Cruz comenzaron a resquebrajarse el 8 de octubre de 1974, día de la intervención federal a su gobierno, que junto a otras intervenciones y golpes de mano en otras provincias fueron determinando el rumbo de un ocaso que una vertiginosa espiral de violencia confluiría en marzo de 1976 con las consecuencias por todos conocidas. Pero esa historia dejémosla para otra oportunidad, porque aquí queremos rendirle homenaje a Jorge Cepernic y creemos que la mejor manera es rescatando estas tres actitudes de un hombre digno y sin dobleces. 

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