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Las Laura de todos los días …. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Silvia Carrizo   
Miércoles, 14 de Julio de 2010 21:27

Por Silvia Carrizo Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

Las crónicas periodísticas de hoy nos cuentan que una mujer fue asesinada en nuestra ciudad y cada relatora y relator, vecina y vecino apunta un dato: Nos dicen que la policía “investiga” las “causas y motivos” que llevaron al sujeto a agredir salvajemente a la “victima”, que habían sido pareja y en estas  palabras más y  palabras menos queda resumida la crónica policial.

 

La historia que nos cuentan hoy los diarios, no es un suceso policial es : un feminicidio No es un asesinato cualquiera. No es una víctima  casual, se trata de un caso donde hay una victima especifica que es una mujer y su asesino no es  un “sujeto” es un varón; y no cualquier varón es: un varón con el que la víctima esta o estuvo relacionada, por la tanto hablamos de una victima por violencia machista y afirmamos que es un feminicidio, por que esta muerte como la desaparición y asesinato de Gabriela Montenegro, como las mujeres secuestradas y explotadas sexualmente, la maternidad forzada, la violación de niñas, la privación de alimentos, la agresión sexual, el maltrato físico, son situaciones que las mujeres caletenses y santacruceñas viven a diario, y son toleradas por el Estado.

 

Hace unos días, un ministro de Misiones, advertía sobre la trata de personas con fines de explotación sexual y hacia referencia concreta a Santa Cruz, cómo una zona donde se reclutan mujeres y niñas con el fin de explotarlas sexualmente en burdeles y casa “que – agregaba la crónica periodística-  todos conocen porque saben donde hay una luz roja”. Esta afirmación que no escandalizó a ningún poder político de la provincia sintetiza  la naturalidad con que vivimos la convicción social de que una sociedad puede funcionar considerando que las mujeres – la mitad de la humanidad-  son personas que no tienen los mismos derechos que los varones.

 

LA cultura patriarcal que consagra la violencia machista es – lamentablemente- parte del acervo cultural de todas las personas. Nuestra región nació,  creció y se modeló con los valores más arcaicos del machismo. El trabajo petrolero es el de la cultura del hombre, proveedor, fuerte, arriesgado, fuente de seguridad para los suyos; capaz de desafiar a la naturaleza, que construye su destino y futuro  según sus  valores, que por supuesto considera supremos. En esta lógica todo lo que construye: trabajo, casa, bienes, familia,  es  suyo y por tanto le pertenece y se siente con derecho a ser dueño y señor de la vida y la muerte, de todas las personas que viven entre las paredes de “su casa” de “su familia”, donde nadie tiene derecho a decidir ni opinar y mucho menos intervenir.

 

 Esta situación no es natural, ni divina, es cultural. Como toda cuestión cultural  puede modificarse y entonces la pregunta que sigue es ¿Que protocolos contra la violencia machista tenemos en la ciudad? ¿ Cuántas concentraciones hacemos para denunciar la violencia machista? ¿Qué recursos institucionales tienen las victimas de la violencia machista? ¿ Cuántas campañas de sensibilización se hacen? ¿Qué chistes hacemos y escuchamos a diario?

 

Hace unos meses en este espacio se publicó la nota “Feminicidios” ahí decíamos  que “no dejemos en el olvido del silencio a Gabriela, y en el pedido de justicia, rescatemos a Mirta y a todas las mujeres victimas de la violencia machista de nuestros pueblos, para que los más de veinte años que  separan estos feminicidios  no hayan transcurrido en vano.”. Sumemos a  Laura a esta lista, para multiplicar las voces pidiendo justicia, y fundamentalmente para que su muerte no se olvide.

 

 

 

 

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