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La lección civil de Belgrano PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sandra Diaz   
Martes, 22 de Junio de 2010 08:51

Todavía podemos recordar con bastante nitidez los detalles de la escena: el brazalete celeste y blanco preparado con anticipación, la ornamentación del salón, las palabras alusivas, el texto de la promesa,  el souvenir de la foto, la emoción de los padres, el chocolate compartido con los compañeros.  Todos los años se repite el ritual en cuarto año, con el telón de fondo de la marcha  “Mi Bandera”. Sin embargo, la pregunta es: cuánto saben los chicos de Belgrano, además de lo que ha transmitido la historia oficial a través de la escuela?  Belgrano es uno de esos patriotas vinculados a la lucha por la Independencia Nacional que tuvo un interés particular en la educación, pero de esa faceta de su vida poco conocemos. Entendía que la educación pública era una condición para tener una sociedad independiente, imaginó un país de gente laboriosa, que cultivara la tierra, explotara las minas y produjera manufacturas. Influido por el pensamiento de los fisiócratas ingleses, una teoría económica que consideraba que la agricultura era la base de la riqueza, creó las escuelas de náutica y de minería en 1793 cuando fue nombrado Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires. Los historiadores de la educación marcan como un hito importante la publicación de su Memoria sobre los medios generales para el fomento de la agricultura, la industria y el comercio, en 1796, año en el cual se inaugura, podríamos decir, el debate educacional en términos modernos, aunque las exigencias de la vida colonial de entonces, no hicieran hincapié en un programa educativo y económico de tipo pragmático como el que soñaban los hombres que tendrían una actuación importante durante los días de Mayo de 1810.

Belgrano es el precursor de la escuela pública argentina, de la enseñanza gratuita y obligatoria, de las primeras escuelas técnicas y de oficios, de la educación de la mujer. Vencedor en las batallas de Tucumán y Salta, luchó a favor de la educación democrática, ya que eso serviría de base para transformar el mundo colonial y paternalista en mundo revolucionario y progresista.  El contenido de su obra económica y social, así como su labor educativa presentan un aspecto de su personalidad, olvidado y desconocido, su mirada particular acerca de la realidad americana que hizo que  todos sus proyectos y afanes se constituyeran en las primeras ideas para una teoría del desarrollo económico nacional.  Es interesante recuperar algunos de esos pensamientos, que bien podrían habilitar un debate aún hoy, respecto de nuestras actuales políticas económicas y del aprovechamiento de nuestros recursos naturales. En una de sus Memorias consulares dirá:

“Todo depende y resulta del cultivo de las tierras; sin él no hay materias primeras para las artes, por consiguiente, la industria que no tiene cómo ejercitarse no puede proporcionar materias para que el comercio se ejecute. Cualquier otra riqueza que exista en un estado agricultor será una riqueza precaria y que, dependiendo de otros, esté según el arbitrio de ellos mismos. Es pues, forzoso atender primeramente a la agricultura como que es el manantial de los verdaderos bienes, de las riquezas que tienen un precio real, y que son independientes de la opinión darle todo el fomento de que sea susceptible y hacerlo que prospere en todas las provincias que sean  capaces de alguno de sus ramos, pues toda prosperidad que no esté fundada en la agricultura es precaria, toda riqueza que no tiene su origen en el suelo es incierta, todo pueblo que renuncie a los beneficios de la agricultura y que ofuscado con los lisonjeros beneficios de las artes y del comercio, no pone cuidado en los que le pueden proporcionar  las producciones de su terreno, se puede comparar - dice un sabio político-  a aquel avariento que por una mayor ganancia contingente pospone imponer su dinero en los fondos de un rico, por darlo a un hijo de familia que lo gastará en el momento y no volverá capital ni intereses…”

Y aún va más allá: “ La riqueza de todos los hombres tiene su origen en la de los hombres del campo” .  Después de lo sucedido entre el Gobierno y el Campo, en 2008, pensemos en la naturaleza profunda del debate, que bajo circunstancias históricas concretas, propuso  un argentino como Belgrano y en lo que hemos hecho con nuestra agricultura y con el reparto concentrado de las tierras aptas para el cultivo, pensemos también en cómo a través del sistema educativo se vinculan los conocimientos referidos a las actividades económicas primarias.

En la construcción de su pensamiento educativo y en las decisiones que tomó,  estuvo presente la preocupación por la educación popular y la enseñanza obligatoria en todos los sectores de la población: “¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios y que el gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?”  

Sin duda, hay facetas de la vida de este prócer  que deberían ser objeto de estudio en las escuelas, más allá de valorar la enseña patria que nos identifica como argentinos y que tanto rating tiene en estos tiempos del Mundial de Fútbol.  Cuando uno revisa la historia se sorprende al conocer por ejemplo, que los concursos docentes por oposición  y cada tres años ya estaban incorporados como disposición  fundamental  en su Reglamento de Escuelas de la Patria. 

Ayer, mientras resonaban las estrofas del Himno Nacional y la bandera flameaba con ostentación en las márgenes del Río  Paraná, en el acto multitudinario de Rosario,  se me ocurrió pensar en la austeridad y anonimato con que la muerte encontró a éste hombre, a quien todavía la breve historia argentina de estos doscientos años le adeuda ser recordado como se merece, concretando por ejemplo, el sueño de construir las 4 escuelas que donó con los 40.000 pesos oro  que  recibió como premio de la Asamblea del Año XIII y que,  aunque parezca increíble,  aún sigue sin resolverse, lo que bien describe  el Prof. Felipe Pigna en su  Mitos 1  como  “la primera gran estafa de la historia”.  

 

 

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